La vivienda wayuu en Maracaibo: una mirada desde sus creencias y prácticas

 

RESUMEN.

El artículo caracteriza la organización topológica del espacio doméstico wayuu a partir de las creencias y prácticas culturales primarias recreadas en la vivienda que el wayuu construye en la ciudad de Maracaibo-Venezuela. Emplea como método la etnografía. Se demostró que el wayuu identifica en su vivienda urbana una particular organización espacial, matizada con nociones propias de comodidad e intimidad y la percepción de un adentro y un afuera; además, recrea prácticas como: la matrilinealidad, la yanama y ekawaa, distintivos de su cultura. Los hallazgos demuestran que la cultura wayuu es viva y dinámica en la ciudad al entrar en directo diálogo con la cultura marabina, configurando una vivienda, que si bien es hibrida, refleja la autenticidad de la cultura material wayuu hoy día.

PALABRAS CLAVE: wayuu, vivienda wayuu, matrilinealidad, yanama, ekawaa, Maracaibo.

 

 

1. INTRODUCION.

Representando el 57% de la población indígena venezolana, los wayuu también denominados  “guajiros” son en la actualidad el más numeroso y representativo grupo étnico nacional, su lenguaje proviene del tronco lingüístico arawak (Lizarralde 1992:510), e históricamente se han asentado hacia el occidente del país. Los wayuu han tomado cierta importancia en el desarrollo de las ciudades y pueblos que circundan su territorio ancestral, y es un hecho notorio que para los inicios del siglo XXI hayan extendido sus límites culturales y de residencia hacia las ciudades y pueblos que bordean la cuenca del Lago de Maracaibo, configurando una valiosísima continuidad cultural en el seno de la sociedad occidental dominante.

Esto ha traído como consecuencia una alta interrelación con las formas de vida y prácticas criollas favoreciendo un flujo constante de intercambio cultural, comercial y demográfico. A raíz del intenso proceso migratorio hacia la ciudad de Maracaibo a finales del siglo XX desde la península deLa Guajira, estas sociedades han construido y lo siguen haciendo, un nuevo hábitat favoreciendo estratégicamente su supervivencia en las dinámicas interculturales consideradas beneficiosas para el wayuu.

El hábitat y particularmente la vivienda que el wayuu construye en los barrios marabinos del noroeste de la ciudad, refleja unos valores topológicos que expresan su riqueza estilística hacia su interior, a pesar que arquitectónicamente hablando esta vivienda es única en su configuración, más auténticas son las prácticas y creencias que alrededor de ella tejen las familias wayuu que diariamente habitan y recrean sus cotidianidades en el barrio.

Sus prácticas y creencias primarias conforman la matriz sociocultural que aun mantienen, a pesar de habitar sedentariamente los desdibujados escenarios urbanos que Mara´kaaya, la ciudad de Maracaibo en su lengua, les ofrece. Son formas particulares de observar y comprender su realidad y la habitabilidad de sus recintos, que le da vida a sus complejos culturales que constantemente filtran las influencias del “otro” para adoptar lo beneficioso y suprimir lo que no, ampliando los estadios liminares de actuación de los sujetos que finalmente refuerzan su identidad étnica.

Si el wayuu recrea hacia el interior de su cultura material prácticas y costumbres ancestrales que traen desde los territorios deLa Guajira, ¿Cuáles de estas prácticas tienen que ver directamente con su vivienda en el contexto urbano? El hábitat y en consecuencia la vivienda wayuu en la ciudad, delata características occidentales pero que, en un sentido cultural, las nociones desde la propia cultura se ven implícitas en las operaciones espaciales que sobre esta se dan, entonces, desde lo sociocultural, ¿Cómo se plantea la caracterización y organización topológica del espacio doméstico wayuu en las viviendas que habitan en Maracaibo?

El presente artículo caracteriza desde las creencias y prácticas culturales primarias del wayuu, la configuración de su vivienda en el barrio 23 de Marzo de la ciudad de Maracaibo, haciendo pues, una aproximación a la comprensión del complejo fenómeno habitacional desde lo sociocultural y explica las pautas que mueven a este grupo étnico a recrear creencias y prácticas en el hábitat y en las edificaciones que sustentan sus vidas.

Características topológicas tales como: identificar un adentro y un afuera en relación a la vivienda que habitan en la ciudad, la percepción de una intimidad familiar remarcada por elementos físicos construidos que responden a complejos significados culturales, así mismo, una noción de comodidad supeditada a los modos ancestrales en contraposición a lo que dicta la norma dominante. Además, la reproducción de algunas prácticas primarias referidas a sus viviendas que en cierto sentido, representan cómo el wayuu recrea sus espacios domésticos en el contexto de la ciudad.

El artículo se estructura en dos partes, la primera hace referencia a la teoría y al método que permiten abordar la temática de estudio; la segunda abarca los resultados que desglosan la mirada a la vivienda wayuu desde sus creencias y prácticas primarias en dos apartados. El primer apartado describe la organización topológica del espacio doméstico, y el segundo, caracteriza la recreación de las prácticas y creencias ancestrales en la construcción de las viviendas en la ciudad. Finalmente se exponen unas líneas a manera de conclusión.

2. TEORÍA Y MÉTODO.

Abordar los aspectos socioculturales referidos a las creencias y prácticas de los wayuu indudablemente conlleva a hacer referencia a su sistema cultural. Vásquez y Correa (2003) explican que este complejo sistema está sustentado por profundas creencias y valores en las que cumple un papel fundamental las concepciones de la vida y la muerte, los ritos y simbologías, las costumbres y las tradiciones primarias.

Sobre las concepciones de la vida y la muerte, destacan ciertas prácticas que los wayuu habitantes de los territorios urbanos de Maracaibo aun mantienen, éstos se supeditan a la cultura ancestral y tienen que ver con el sentido sagrado que le adjudican al evento de la muerte física y en consecuencia la velación del cadáver del difunto, los segundos velorios y la creencia en los sueños (Lapü) que influyen sobre la cotidianidad de los wayuu.

 Las practicas funerarias asociadas a los velorios y los segundos veloriosencierran un profundo sentido simbólico y fundamental para el wayuu, por cuanto éste al morir se proyecta en forma de espíritu o yoluja (el cual sólo es visto por niños, perros y burros, pero todos pueden sentirlo), son entes que vagan por la tierra enfermando al desprevenido que no cumple los mandatos de Lapü que han de ser interpretados, y anunciando eventos a los vivos a través de sueños.

A través de los sueños se prescribe y se predicen eventos ligados a la cotidianidad de los wayuu y los seres habitantes del mundo sagrado o espiritual wayuu (pülasü). Este mundo sagrado, rico en representaciones, es el opuesto al mundo natural, el visible (anasü), en el que se evidencian y se expresan los efectos de la dialéctica entre el bien y el mal, las concepciones de la vida y de la muerte.

La cultura wayuu cuenta con un sistema de representación que integra una serie de deidades importantes en su universo mítico. La figura central es Ma’leiwa, dios creador de los wayuu y fundador de la sociedad. También están Puloui y Juya, esposos asociados a la generación de la vida; Puloui, la deidad femenina, se asocia a la sequía y los vientos, y algunos lugares que habita. Juyá, su esposo, es un errante que caza y mata. Wanülüü representa el mal de la enfermedad o la muerte.

Son deidades que rigen las representaciones que las sociedades wayuu hacen de sus cotidianidades en el contexto de la ciudad e ineludiblemente influyen en las vidas de los wayuu en relación con su cultura material. Pulouihabita lugares considerados por los wayuu como peligrosos y contaminados, por lo que suelen evitarse y representarse en sus dinámicas de vida y las relaciones con el entorno construido expresadas en la dialéctica de la atracción y la repulsión. En la ciudad estos espacios son asociados con cañadas, jagüeyes, “lugares al margen del orden social, actividades <criminales> como el desvalijamiento de automóviles, robos, violaciones, prostitución y prácticas homosexuales” (Díaz y Gómez, 2005).

Los sistemas culturales pueden ser pensados como mediaciones en la construcción de un nuevo orden social en relación con el entorno; porque el hombre, según lo expresado por Geertz (1987), depende de manera extrema de un orden simbólico de pautas, reglas, creencias, costumbres y valores para su orientación. Y basados en esa dependencia extrema a esas reglas simbólicas, los wayuu expresan sus valores culturales y creencias ancestrales en la recreación de su vivienda y sus asentamientos en el contexto urbano.

Otro aspecto expresado en el sistema sociocultural wayuu es el principio de la matrilinealidad que se reproduce en el hábitat que construye y habita en la ciudad. Una sociedad matrilineal es la que posee un sistema de descendencia que se define por la línea materna, en éstas, el individuo pertenece al grupo por su vinculación con las mujeres del mismo. En esta organización, generalmente la autoridad es ejercida por el tío materno, el cual es el centro del grupo, su varón principal. El marido no pertenece al grupo. El conjunto matrilineal incluye a la madre, la abuela materna, la madre de ésta, etc., y a sus descendientes por línea femenina. En la sociedad matrilineal, forman parte del grupo los hermanos y hermanas de la madre de una persona. Los hijos de la mujer son miembros del grupo de la mujer (no del grupo del padre). Muchas generaciones de una familia viven juntas y llegan a ser una “gran familia”. Un conjunto de estas grandes familias, da origen a un clan, y un conjunto de clanes conforman una patria entre los wayuu, a decir de Guerra (1993).

En la ciudad, de acuerdo al grado de contacto con los alijuna el mantenimiento de estas prácticas variará. Sin embargo, en su conjunto, todos esos elementos configuran lo que se podría denominar matriz sociocultural wayuu, desde la cual sus grupos están afrontando, a veces de modo difícil, los procesos de cambio impulsados desde las sociedades nacionales y regionales, o están asumiendo cambios culturales a partir de las opciones relativas que dichos procesos les ofrecen (Pineda 1991).

Según Bonte e Izard (2000:332-333), el reparto de las casas en los asentamientos humanos es la traducción espacial de las relaciones sociales dominantes y reproducen las relaciones de parentesco y las relaciones entre estratos, clanes o clases. Estos autores exponen que el factor sociocultural produce en los asentamientos la simbolización de la organización social a través de la configuración y las modalidades de ocupación de las construcciones.

La organización interna de una unidad de habitación, es pues, consecuencia de la estructura del grupo doméstico que allí reside, por esto se asume que las sociedades simbolizan la unidad de pertenencia social, en la que están ilustrados los mecanismos de alianza y filiación a través de las reglas y estrategias que gobiernan la transmisión. Se entiende entonces, que las sociedades wayuu expresan su parentesco en las formas de emplazamiento en los barrios de la ciudad de Maracaibo.

Los e´iruku o clanes, conformados por apushii, que a su vez connotan relaciones familiares extendidas vierten hacia el interior de sus construcciones culturales prácticas primarias mantenidas a través del tiempo y elementos de las sociedades criollas con las que conviven. La práctica de rituales es muy recurrente en el contexto que le ha tocado habitar, entendiendo los mismos como acciones que se repiten de manera bien conocida y que ayudan a las personas a seguir un orden de manera tal que otorgue significado a su vida, estos son absolutamente predecibles y se practican durante muchas generaciones.

Estos ritos no necesariamente están vinculados a lo religioso, estos pueden ser seculares y se centran en un estado liminar en muchos casos, es decir, se refiere a la inseguridad inherente a los momentos de cambios que las sociedades inmersas en ellos experimentan. Responden, así mismo, a costumbres que tradicionalmente han pasado de generación a generación y que en su puesta en práctica se expresan con cambios de forma más no de fondo.

Barthes (1964) afirma que todo uso se transforma en signo en el momento en que éste tiene un carácter social, lo que implica que todo ordenamiento espacial ha de adoptar los códigos necesarios para poder ser utilizado; no siendo así, pierde funcionalidad y, por consiguiente, sentido. Douglas (1973:27) señala que lo que no esté dentro de los límites establecidos que dan cuenta del sentido social está fuera del orden, y atenta contra él. Esto traduce las prácticas ancestrales en referencia a su vivienda y su sentido en el marco de la cultura wayuu recreada en la ciudad.

Rapoport (1972) y Bonte e Izard (2000), por su parte, exponen que las formas de concebir y habitar el espacio doméstico, son expresiones del “ethos” de una sociedad. En ese sentido, cada cultura trata a su manera las categorías de adentro y afuera, y observan que así como prevalece una concepción “celular” de la casa, en la que se desarrollan la mayoría de las actividades en lugares comunes, también prevalece una concepción “unitaria”, en la que dispone cada familia para sí misma de un marco construido completo. Entre los wayuu, se connotan dialécticas supeditadas a las creencias que se combinan con el contexto urbanizado de su hábitat y que expresan la materialización del sistema simbólico y las deidades del mundo pülasü.

Por otro lado, la intimidad en una casa está celosamente protegida de las miradas por muros exteriores ciegos, como simplemente sugerida por una actitud, lo que deviene en el carácter que se le dará a las diversas habitaciones del conjunto. La habitación puede estar dividida en cuartos claramente especializados o, por el contrario, formar una unidad polivalente, estas formas de gestionar el espacio, según Bonte e Izard (2000:333), “participan de una visión ideal de la comodidad, que integra, en proporciones variables según las sociedades, la búsqueda de la sombra o de la luz, del frío o del calor, de la proximidad o de la distancia entre los individuos, de un mobiliario fijo o reducido al mínimo”.

La noción de comodidad que las sociedades manejan en su entorno y en las diversas operaciones que realizan sobre el espacio, determina la forma, disposición de los espacios y la funcionalidad que se le dará al hábitat ideal de una sociedad.

En la ciudad de Maracaibo, se mantiene la esencia de las prácticas culturales en relación a la vivienda, tal es el caso de la yanama o el trabajo colectivo y la inauguración de la casa pero recreadas con prácticas criollas, demostrando el cambio cultural de los wayuu y el reacomodo de sus prácticas ancestrales en función de los elementos ajenos en los que se ven envueltos. Son pues, lazos simbólicos que tejen las sociedades entre el marco construido y el conjunto de sus creencias y de sus representaciones que se manifiestan a través de las prácticas rituales que inauguran la construcción y aseguran su protección (Bonte e Izard 2000:333).

Los cambios experimentados en el sistema sociocultural de los wayuu se evidencian en su hábitat y en consecuencia sobre las viviendas que habitan. Los asentamientos indígenas, tanto en los territorios tradicionales como en el contexto urbano, expresan matices culturales que van desde las distribuciones espaciales y su influencia en la simbolización de la organización social, hasta las dialécticas de las nociones del adentro y el afuera y los grados de intimidad en la vivienda, relaciones que demuestran la estructuración topológica de la vivienda de los wayuu en el orden cultural dominante.

El presente artículo se desprende de la investigación “Configuración de la vivienda wayuu en la ciudad de Maracaibo: una mirada desde lo sociocultural”, ésta implicó, por lo tanto, para el estudio de la sociedad wayuu y las relaciones con sus viviendas, el uso del método etnográfico que es llevado a cabo “en ámbitos geográficos limitados y demográficamente establecidos, sobre costumbres, necesidades, modos de vida, etc.” de una población determinada (Ramírez 1999:77), su alcance fue explorar y describir, con mayor precisión, las características de un determinado individuo, situaciones o grupos, con o sin especificación de hipótesis iniciales acerca de la naturaleza de tales características” (Ramírez 1999:84).

Se tuvo como punto de partida una serie de datos proporcionados por el sub-programa Vivienda Digna, adscrito al programa Ciudadanía Plena dela Fundación Hábitat-LUZdurante los años 2002 y 2004, los cuales están referidos a aspectos sociales de los participantes wayuu, de su núcleo familiar y datos técnicos-constructivos de sus viviendas.

El trabajo etnográfico se llevó a cabo en un tiempo de cuatro meses (julio 2006 – noviembre 2006), sin embargo, se realizaron otras visitas al asentamiento fuera de este tiempo, en el que se terminó de recabar la información. Como se partió de esta información previa, la misma se utilizó para construir una base de datos que suministró una caracterización de las viviendas y una aproximación al aspecto social y cultural de las familias wayuu del barrio 23 de Marzo, a su vez esta data fue complementada en función de los objetivos perseguidos en el estudio y su pertinencia.

Se emplearon las técnicas de la observación y la entrevista a profundidad, las cuales permitieron una representación de la realidad y la obtención detallada de las dinámicas culturales en las viviendas. El proceso de observación participante y observación directa se realizó sobre una población referencial de 16 familias-viviendas, de acuerdo con esto, las entrevistas se aplicaron a informantes clave miembros del total de las 16 familias seleccionadas, es decir, una persona por cada familia, 2 hombres y 14 mujeres en edades de24 a70 años.

En la investigación se tomó en consideración un amplio espectro en el que se consideraron familias netamente wayuu, así mismo, familias mestizas, otras en el que uno de los cónyuges es alijuna, además familias cuyo nivel socioeconómico y educativo varía, familias emigrantes o que han nacido en la ciudad, cuyos valores y experiencias de vida reflejan una configuración particular de su vivienda en el contexto urbano.

3. LA ORGANIZACIÓN TOPOLÓGICA DEL ESPACIO DOMÉSTICO WAYUU.

Las sociedades humanas ordenan sus prácticas culturales y nociones de la vida y de la muerte en función de la semantización del espacio en el que éstas se dan, tanto en el plano euclidiano como el topológico. La vivienda es pues, un escenario particular de estas relaciones que se reflejan en sus espacios domésticos, en ese sentido, la vivienda wayuu en un contexto urbano va a tener ciertas valoraciones y connotaciones que le dan una característica no indígena o alijuna, por lo que podría afirmarse que estas viviendas siguen las pautas constructivas dominantes o de moda, copiando tendencias que se adaptan de acuerdo a los requerimientos desde la cultura.

Partiendo pues, del deseo personal de adquirir una vivienda, y ampliarla en el tiempo en una de dimensiones adecuadas para vivir, connota una característica en términos culturales de diferenciarlas tácitamente de las viviendas de los no indígenas o alijuna y es por esto, que más se esfuerzan en alcanzar la imagen ideal transferidas a sus casas desde sus valores culturales propios.

En una primera interpretación de los discursos de los informantes clave sobre las diferencias existentes entre las viviendas wayuu y las viviendas criollas, en lo que respecta a la organización topológica del espacio doméstico, se encontró que son sus modos de vida, sus formas de habitar el espacio y la autocrítica que los lleva a una comparación desventajosa, desde una alteridad en el que la cultura wayuu es inferior a la cultura criolla. Así lo expresan estos comentarios:

“[la diferencia entre una vivienda wayuu y una alijuna es] por el modo de vivir, el modo de comer…” Leopoldo López, entrevistado (13-09-2006).

 “Mucha diferencia, por ejemplo la casa del wayuu siempre está con el desorden, perros por allá, en cambio la alijuna siempre esta arregladita”. Luís Montiel, entrevistado (26-09-2006).

Se observa entonces que el wayuu expresa lógicas diferentes en relación a la organización del espacio doméstico, el wayuu lo internaliza desde el punto de vista de un desorden que tiene significados desde el punto de vista cultural, es pues ese espacio topológico percibido por el wayuu como desordenado en oposición con el espacio del otro, es dinámico  donde los objetos (muebles) se perciben desde una percepción intuitiva, y van a materializar un orden propio visto como una lógica diferente en esa interrelación intercultural.

Por otro lado, la presencia de los animales (perros) hace alusión a ese sentido topológico advertido por el wayuu en contraposición al espacio alijuna que sin duda alguna también poseen perros como mascotas, pero que refleja como ya se dijo, significados que han de comprenderse desde una explicación cultural, el espacio ideal, el del otro, no el propio pues este será un ideal a alcanzar.

Más allá que la vivienda wayuu sea una expresión de la adopción de patrones culturales desde otra cultura, siempre quedan latentes las operaciones simbólicas y las lógicas implícitas en ella que estas poblaciones mantienen, aunque las mismas sean consideradas en un sentido negativo, como el comentario del informante anteriormente referido, estas adquieren importancia y tienen su razón de ser, y por lo tanto, no deben de prescindirse.

El wayuu puede haber comprado o alquilado una casa criolla y habitarla, asimismo puede habitar un apartamento en cualquier urbanización de la ciudad o en otro poblado, sin embargo, sus hábitos y formas de vida van a ser transmitidas hacia el interior de esos espacios, dándole características propias desde sus concepciones, religión y cosmogonía, por supuesto, no en una condición pura sino más bien en un hibridismo particular que no silencia su voz cultural.

Arquitectónicamente, la vivienda wayuu está configurada de la manera como el alijuna concebiría la suya: habitaciones múltiples, cocina y salas sanitarias integradas al conjunto de la vivienda, porche, y áreas de sala-comedor. A través de esta vivienda se hace tangible la presencia wayuu en la comunidad ante sus paisanos y ante el otro diferente, cada espacio posee un orden específico dentro de la parcela que delimita la misma, siendo la totalidad de la parcela el marco de la vida, la casa wayuu.

Además, se recrea la funcionalidad de la vivienda rural wayuu con elementos criollos: se asume la cocina y el baño integrados al conjunto de la vivienda, el concepto de habitaciones múltiples supeditado por el hecho de convivir en una misma casa varias familias vinculadas por ser un mismo apüshii, la adopción del porche criollo como un área de permanencia, de transición entre el adentro y el afuera y como un área de transferencia de estatus.

Esta funcionalidad se conjuga con elementos de la vivienda tradicional: la disposición de la enramada como el área de ordenación del resto de los espacios y sobre la que gira la realización de las actividades cotidianas de la familia, el fogón wayuu convertido en un asadero criollo con el uso del carbón o cocina a gas domestico y el uso generalizado del chinchorro como equipamiento imprescindible para dormir e interactuar en familia, es por lo tanto, una vivienda híbrida, una concepción sincrética que resume concretamente las aspiraciones wayuu de una vivienda digna.

3.1. LA DIALÉCTICA ENTRE EL AFUERA Y EL ADENTRO EN LA VIVIENDA URBANA WAYUU.

Para el wayuu, como lo plantea López (1980), habitar la casa es sencillamente vivir bajo el techo más no dentro de la misma, es decir, que tiende a realizar la mayoría de sus actividades domésticas cotidianas fuera del espacio occidentalizado que han adoptado para vivir en la ciudad. Se plantea entonces una concepción particular de las nociones del adentro y el afuera, en una madeja de relaciones que desde la cultura wayuu redefinen el adentro como el espacio de resguardo durante las noches y el afuera como el espacio de permanencia y de la cotidianidad durante el día, inclusive durante la noche.

Por lo anterior, destaca también otra interpretación del adentro y el afuera en las viviendas de los wayuu urbanos: el adentro es el espacio contenedor del recinto habitacional (la vivienda dormitorio, la enramada, la cocina y el baño) y el afuera se refiere al espacio público (la calle, las aceras, las áreas comunes urbanas), otros estudiosapuntan que el afuera también identifica las áreas consideradas perjudiciales y de la cual la familia se resguarda dentro de los límites de la parcela.

En este orden de ideas, en el contexto del barrio 23 de Marzo, se puede afirmar que la cañada hacia el oriente del mismo, un putrefacto caudal de aguas servidas a cielo abierto que permanentemente contamina el aire del barrio, es ese espacio repulsivo que el wayuu evita.

Es el lugar del peligro, del sucio, de la hediondez. La creencia en la existencia de seres peligrosos y dañinos que habitan un espacio determinado (Puloui), convierte a la cañada en ese espacio en el que los desechos son vertidos para ser eliminados. Una informante hacia el sector 5 del barrio y cuya casa limita con la cañada, expresó en una oportunidad que en su calle han sucedido acontecimientos que bien podrían asociarse a la noción de representación de un espacio de peligro por las características del mismo.

“[…] En estos días la muchacha del frente me llamó, cuando yo vine de la casa de mi hermana, ella me dijo que mi hija estaba llorando, por Dios que se me pararon los pelos, me estaba diciendo la muchacha del frente. Yo se que de noche ahí hay un niño que llora, y es verdad porque yo lo escuché; por eso yo no salgo de noche. Esos son yoluja, puede ser por algún velorio o algo que quiere pasar, porque ella lo escuchó y yo también lo escuché. Por esta calle se escuchan cosas, mi compadre bebió el sábado y ellos dicen que sintieron un viento como un remolino de arena, pa´ que vieran, y yo le dije al compadre, no beba así porque es malo, porque va a ver un muerto, yo he escuchado el llanto de un niño, un niño que llora”. Glenda Püshaina, entrevistada (12-09-2006).

Este evento particular es asociado a la presencia de la cañada, y a la vez deja entrever la operación de complejos fenómenos socioculturales que tienen relación directa con el hábitat, la vivienda y la cotidianidad de sus habitantes sobre el contexto de la ciudad de Maracaibo.

Dos aspectos se destacan: en primer lugar, la dialéctica en la representación del espacio, el adentro, que es la casa, atribuyéndosele las cualidades de el espacio de resguardo, de la intimidad, de la seguridad; y el afuera, que es la cañada y una determinada calle que desemboca a la misma, representadas como el lugar de los yoluja, espectros de muertos recientes que señalan acontecimientos por venir como un velorio; y en segundo lugar, este espacio deja ver lo negativo, en él se dan actividades al margen de lo social en el que se atraca, se cobra peaje a los transeúntes, etc., y como consecuencia es considerado un lugar peligroso por los propios habitantes.

3.2. LA NOCIÓN DE COMODIDAD E INTIMIDAD EN LA VIVIENDA URBANA WAYUU.

La vivienda wayuu en la ciudad de Maracaibo está dividida en recintos claramente distinguibles para la función que van a cumplir, estas formas de organizar el espacio responden a esa idea del wayuu, de búsqueda de comodidad en un contexto diametralmente distinto al deLa Guajira, del cual provienen como grupos emigrantes. Esta noción de comodidad está supeditada al hecho que el wayuu quiere prosperar aun apropiándose e innovando sobre los modos culturales, tecnologías, y formas de vida del criollo con el que convive.

En ese sentido, el wayuu en la ciudad ha adoptado los muebles criollos tradicionales, combinándolos con el uso de equipamientos domésticos propios como los chinchorros para dormir y sentarse, en muchos casos se hizo evidente la ausencia de muebles criollos, lo que demuestra que la búsqueda de un hábitat cónsono con los deseos de la familia, de la comodidad del wayuu, no está supeditado a la tendencia dominante; las habitaciones ya sin muebles (camas) sino más bien usando los chinchorros para todos, explica el hecho que la comodidad para el wayuu se recrea en sus maneras tradicionales de habitar los espacios domésticos, aún por encima de lo que dicten los patrones estéticos y funcionales criollos.

En la observación participante con las familias wayuu en este estudio, se destacó un aspecto muy particular en los elementos arquitectónicos construidos que configuran sus viviendas en la ciudad: la alta frecuencia de construir cercas perimetrales ya sea de zinc, u otro material que tengan a la mano, además de elaboradas cercas de bloques de cemento o arcilla, elementos metálicos y ornamentadas muy al estilo de las sociedades alijuna marabinas.

Más allá de alcanzar un estatus social a través de la construcción de cercas perimetrales, que dan acceso a la vivienda a través de densas puertas cerrando toda visual hacia el interior de la misma, el wayuu tiende a reproducir los esquemas rurales de intimidad que les ha servido para minimizar los conflictos entre sus vecinos. EnLa Guajira, el hecho que las viviendas estén tan distantes unas de otras explica ese sentido de intimidad y libertad que el apushii necesita para vivir su cotidianidad (espacio suficiente para los corrales y áreas de pastoreo de sus rebaños, las áreas comunales de suministro de agua, etc.).

En la ciudad, este asunto es aun más complejo por cuanto las familias wayuu emigrantes ya no crían ganado como lo hacen en los territorios rurales de La Guajira, la interpretación de esta noción de intimidad tiene otro matiz, desde el punto de vista sociocultural la explicación a este asunto la da esta informante clave:

“[…] Los wayuu cierran todo con lata porque no le gusta que las personas pasen y vean, mi papá piensa que el alijuna piensa muy diferente a nosotros, eso es lo que me ha dicho mi papá, en el caso de él cuando cerró todo eso no quería que cada vez que una persona pasara lo viera…” Dianora Montiel, entrevistada (13-09-2006).

Según el comentario anterior, la noción de intimidad es interpretada como de autodefensa ante la vulnerabilidad de estas familias en la ciudad, explicada por el hecho de convivir con un conglomerado disímil de familias wayuu y alijunas en unas casas tan cercas unas de otras. En el medio rural el wayuu no se había enfrentado a este tipo de situación por la equidistancia de las rancherías y la delimitación virtual de sus parcelas a través de elementos naturales y construidos como jagüeyes, corrales, promontorios, etc.

Las dinámicas sociales de interrelación entre las familias wayuu y sus vecinos confirman el hecho que son los conflictos recurrentes los que inducen a construir las cercas perimetrales sin visuales hacia el interior, aun sin ser la prioridad a solucionar en algunas viviendas precarias de los barrios de Maracaibo.

De las narraciones etnográficas se desprende que el wayuu prefiere construir en su vivienda, por ejemplo, una cerca perimetral antes que construir un baño conectado a la red formal de aguas servidas, contrastando con la lógica de los técnicos profesionales que planifican con estas poblaciones en estos barrios, este hecho determina la importancia de este elemento construido en sus viviendas, cuya explicación tiene que buscarse en la cultura y darle su justa dimensión.

Se confirma, así mismo, que los wayuu enfrentan su sistema cultural a los sistemas culturales dominantes locales buscando un equilibrio que permita su sana convivencia en el conglomerado multicultural, sin menoscabo de sus costumbres y tradiciones y manteniendo su identidad ante los conflictos que significa compartir espacios con el alijuna. Los wayuu de Maracaibo son seres híbridos, moldeados por la interacción y las dinámicas sociales, religiosas, económicas, políticas del contexto urbano, la noción de intimidad, por lo tanto, es un producto de esta conflictividad social, digna de profundizar desde otras disciplinas en futuras investigaciones.

4. LA RECREACIÓN DE PRÁCTICAS ANCESTRALES EN LA VIVIENDA URBANA WAYUU.

4.1. EL PRINCIPIO DE LA MATRILINEALIDAD Y LA VIVIENDA.

Las modalidades de ocupación habitacional registradas por los wayuu en el contexto de la ciudad de Maracaibo, expresan diversas configuraciones espaciales que simbolizan la organización social de los wayuu en sus asentamientos urbanos. Bonte e Izard (2000:333) explican que estas formas de asentarse simbolizan “…la unidad de pertenencia social, la casa es el <lugar> por excelencia, en el que están ilustrados los mecanismos de alianza y filiación: a través de la <elección> de la residencia, a través de las reglas y las estrategias que gobiernan la transmisión”.

Los wayuu subdivididos en clanes matrilineales reflejan en las rancherías deLa Guajirauna singular distribución en el que este principio determina el número de recintos y su distribución sobre el territorio. En la ciudad este factor hoy día, no necesariamente influye en la conformación de las barriadas wayuu, pero si se observan familias conformadas por la madre y sus hijos y por extensión sus descendencias; se refleja en estas viviendas, por lo tanto, los mecanismos de alianza y filiación de los wayuu.

La emigración wayuu desdeLa Guajiraha permitido que se hayan dispersado y asentado en territorios tan distintos del que provienen, en Maracaibo, los clanes se han mezclado habilidosamente entre ellos y también con las poblaciones criollas con las que conviven, lo que ha devenido en que estas sociedades en el contexto del barrio se identifiquen en una posición evidentemente dominada culturalmente por parte de los criollos y extranjeros alijuna, quedando en una posición periférica e inferior continuamente estigmatizada por ser parte de una cultura diferente.

La configuración arquitectónica de la vivienda wayuu en la ciudad de Maracaibo está íntimamente ligada a su complejo sistema sociocultural que en su tránsito y estadía en el medio urbano se ha redefinido y ha construido una percepción de una nueva vivienda con muchos referentes propios y apropiados del sitio al que llegan y que la configuran en apariencia como una vivienda alijuna. En el barrio el wayuu mantiene, en cierta forma, la estructura de organización social del apüshii, esto debido a las condicionantes y limitantes que la parcela le impone. Paz Reverol (2004), haciendo referencia a un asentamiento urbano wayuu en función de la ubicación de la madre expone que:

“…los miembros del grupo familiar se organizan alrededor de la abuela o madre en las vecindades urbanas, es posible encontrar que sus integrantes son miembros del mismo apüshii. Se puede afirmar, que en el medio urbano se reproduce el apüshii” (Paz Reverol 2004:99-102).

Plantea esta autora que, esta característica del asentamiento urbano wayuu le ha permitido afianzar los lazos de solidaridad y cooperación entre los miembros de la familia por parte de la madre, que puede llegar como promedio, entre siete y quince personas residentes en una casa o varias casas. En el barrio 23 de Marzo esta situación se presenta con un promedio mucho menor encontrándose familias entre cinco y diez miembros, evidentemente esta autora se refiere a los asentamientos más recientes nombrados en líneas anteriores.

Por otro lado, se registraron casos en el que la madre vive enLa Guajiray los hijos que viven en el barrio la visitan esporádicamente en tiempos oscilantes que tienen que ver con celebraciones festivas o eventos familiares, no expresándose este principio tajantemente, en otros casos las madres se ubican en otros barrios de la ciudad, lo cual hace que sus hijos les visiten con más regularidad.

Cuando se reproduce la estructura matrilineal del apüshii wayuu, la permanencia dentro de la casa se realiza en la cocina a la semejanza como ocurriría en los territorios deLa Guajira, este espacio doméstico, por lo tanto, adquiere ese protagonismo funcional en la vivienda complementando el uso de permanencia que le dan a la enramada; es la cocina pues, el lugar que vincula a la familia en lazos de solidaridad y cooperación hacia el interior del apüshii, es en la cocina donde se conversa, se ventilan asuntos familiares de importancia, se come y se planifica el quehacer diario.

4.2. LA YANAMA O TRABAJO COLECTIVO.

En la ciudad de Maracaibo, una particularidad muy interesante que se presenta en las dinámicas culturales wayuu es la recreación de la práctica de trabajo colectivo y cooperación en el grado de los familiares o vecinos. Esta práctica de ayuda mutua es concebida en los territorios rurales deLa Guajiracomo la yanama, definida en función de fuertes vínculos de solidaridad entre los miembros de este grupo étnico.

La yanama ha sido asumida como una alternativa solidaria para la construcción de las viviendas de los wayuu en la ciudad, hace cuarenta años cuando los wayuu empezaron a asentarse en el contexto urbano esta práctica era muy frecuente, hoy día sigue practicándose destacando el carácter desinteresado con el que los participantes la realizan no solo para resolver la necesidad de habitar una vivienda, sino también en otras áreas críticas en el que las familias wayuu requieren de la mano de obra de sus paisanos, tales como: la prepararon de la tierra para la siembra, la cosecha del conuco, el manejo de ganado, la construcción de casas comunales, etc. Leopoldo López (informante clave de esta investigación) es muy elocuente en referencia a la explicación de esta práctica en la ciudad vinculada a la construcción de una vivienda:

“En ese tiempo no se hablaba de veinte mil, sino de ocho mil, de doce mil de ahí no pasaba, la mano de obra fue por yanama […] Dos días porque le caímos entre todos, hice mondongo de cabeza de chivo, vamos a poner que uno compra una cabeza de chivo con el hígado con yuca, papa, ahuyama, ñame uno hace una sopa, entonces la gente va viniendo, y la gente dice a que Leopoldo hay yanama vamos a ayudarlo, por la comida y al que le gusta el traguito, primo vamos a comprar una botellita, pa´ mi andá a buscala” Leopoldo López, entrevistado (13-09-2006).

El arte de la construcción de viviendas entre los wayuu se caracteriza por su practicidad y su rapidez, la experiencia acumulada en el devenir social, enfrentado a la experiencia migratoria les da a estas familias la habilidad para edificar recintos en poco tiempo apelando a la práctica de la yanama. En ella se departe comida de acuerdo a la ocasión, las invitaciones son colectivas fundamentado en el vínculo natural por ser miembro de la cultura, así mismo, la repartición de bebidas alcohólicas se basa en la cooperación colectiva y por consentimiento del dueño de la futura casa.

Es un vínculo evidentemente comunitario, más cuando se comparte entre vecinos y con miembros de la misma etnia en el contexto del barrio, la yanama es entendida pues, en este caso, como una especie de ocasión en la que se permite la convivencia y el compartir en función de la solución de una necesidad básica como es el de darse un techo para vivir.

4.3. EKAWAA O INAUGURACIÓN DE LA VIVIENDA.

Los lazos simbólicos que tejen las sociedades entre el marco construido y el conjunto de sus creencias y de sus representaciones se manifiestan a través de las prácticas rituales que inauguran la construcción; en el caso de los wayuu se presenta una ritualidad en la inauguración de una vivienda al finalizar su construcción para emprender su habitabilidad, esta práctica en el día de hoy en el contexto de la ciudad de Maracaibo se ha reconfigurado y ha adoptado connotaciones criollas.

En los territorios deLa Guajiraes común que se inaugure una casa propiciando un momento ameno, en el que se prepara comida (llamadas comilonas: se sirve ovejo y chivo asado o guisado, friche, ceviche, chicha de maíz cocido, plátanos en algunos casos arroz cocido) y a veces se toca el tambor (la kasha). En la ciudad a la manera deLa Guajirase continúa realizando este rito, pero bajo una concepción readaptada: se observan prácticas tales como escuchar y bailar música de moda (vallenato, merengue, reggaetón, champeta, etc.), suprimiendo el toque del tambor, el tipo de comida no es la que regularmente se cocina (se departen pasapalos, cervezas, rones, sopas, etc.), y las personas que participan en la celebración pueden ser wayuu o alijuna vecinos sin distinción, que se hayan invitado. El rito de la inauguración de la casa en la ciudad lo explica este informante:

“Por ejemplo cuando uno termina de construir una casa siempre hace una comilona, como la inauguración como dicen ustedes, es como decir, se reúnen los hijos, una reunión familiar entre los mismos trabajadores, es como decir una inauguración, en wayuu se llama ekawaa”. Luís Montiel entrevistado (26-09-2006).

Ekawaa es pues, un ritual que asegura el buen vivir del wayuu con sus vecinos y las fuerzas que dominan el mundo de los espíritus, es decir, es una forma de ser agradecido con Ma’leiwa por dejarlo vivir en esa tierra y sostenerle; aquí la deidad Ma’leiwa se le adjudican las cualidades del Dios cristiano de la cultura occidental. En el ámbito simbólico, ekawaa viene a significar, por el hecho que se sacrifican animales y se departe comida y bebida, un ritual que equilibra el mundo anasü con respecto al mundo pülasü.

5. A MANERA DE CONCLUSIÓN.

En el transcurso de estas líneas se pudo reconstruir, desde lo sociocultural, una parte del complejo fenómeno habitacional del wayuu en el contexto de la ciudad de Maracaibo, una aproximación que no se queda ahí, no es completa, que deja el debate abierto para el aporte desde otras disciplinas que complemente esta mirada.

Al poner de relieve ciertos aspectos simbólicos de la cultura material wayuu implicó aportar un elemento más al diseño de una práctica investigativa que involucra dos disciplinas como lo sonla Arquitecturayla Antropología, que en conjunción dan luces para comprender la variable sociocultural en la habitabilidad de las viviendas de los grupos humanos. Las ciencias sociales y otras áreas disciplinares hoy día, se abren al análisis interdisciplinar hacia un estudio holístico, un estudio más profundo de las sociedades humanas dando valiosos aportes a la construcción de nociones epistemológicas que asuman la investigación etnográfica desde ópticas complejas y mucho más amplias.

En ese sentido, la vivienda wayuu más allá de sus valores arquitectónicos intrínsecos, expresa una riqueza topológica en su organización espacial que implica la semantización de la cotidianidad de los wayuu, estos valores diluidos en las vivencias de las familias wayuu hacia el interior de la espacialidad de la vivienda permiten también distinguir, la importancia de las prácticas culturales asociadas a la casa como la contenedora de las marcas y símbolos subyacentes desde esas operaciones espaciales.

Si bien, la vivienda wayuu es precaria en algunos asentamientos urbanos, sus criterios, normas y sistema de reglas culturales no son defectuosas, respondiendo claramente a valores culturales auténticos que no deben prescindirse, mas bien deben comprenderse y aprehenderse para hacer lecturas coherentes de las realidades espaciales de la arquitectura doméstica wayuu desde una óptica intercultural.

ALONSO JOSÉ MORILLO ARAPÉ

Arquitecto, Mg.Sc. en Vivienda. Especialista invitado por La Universidaddel Zulia. Facultad de Arquitectura y Diseño. División de Estudios para Graduados. Maestría y Especialización en Vivienda. Dirección: Calle Boyacá con Junín, San Agustín Norte,  N° 166, 1080. Caracas, Venezuela. Correo electrónico: ajmorillo25@gmail.com

CARMEN LAURA PAZ REVEROL

Mg.Sc. en Antropología. Docente de La Universidaddel Zulia. Facultad Experimental de Ciencias, Departamento de Ciencias Humanas, Unidad de Antropología, Dirección: Calle 67 con Av. 14A, Residencias Girasol, Apto. 8B, 4001. Maracaibo, Venezuela. Correo electrónico: cpaz@luz.edu.ve

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Montaje: Lcdo. Luis Fernando Herrera

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2 comentarios en “La vivienda wayuu en Maracaibo: una mirada desde sus creencias y prácticas

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