UNA APROXIMACIÓN A LAS REPRESENTACIONES DE LA VIVIENDA URBANA INDÍGENA EN MARACAIBO, VENEZUELA

 

Resumen

En Maracaibo-Venezuela, los wayuu han construido representaciones sociales de sus viviendas en función de las interrelaciones y dialécticas de habitabilidad urbana aprehendidas y el continuo contacto con las sociedades criollas, aproximarse a las mismas es el objetivo del presente artículo. Se emplea el método etnográfico para accesar al plano cultural del sujeto, y reconstruir la caracterización topológica de sus viviendas a través de sus discursos. Las representaciones habitacionales detectadas (casa de barro, rancho, modelo viejo y modelo nuevo), se redefinen en función de las diversas realidades, y dialécticas socioculturales de sus asentamientos, expresando fases secuenciales de evolución alineadas principalmente a los deseos, aspiraciones y a la nueva ciudadanía que estas familias han adquirido en el nuevo hábitat apropiado.

Palabras clave: wayuu / representaciones sociales / representaciones de la vivienda / tipología / vivienda urbana wayuu / Maracaibo

 

SOCIAL REPRESENTATIONS OF INDIGENOUS URBAN HOUSE:

An approximation from the wayuu in Maracaibo, Venezuela

Abstract

In Maracaibo-Venezuela wayuu´s socials representations had built their houses though interrelationships and dialectics of urban livability apprehended, said in continuum contact with creole societies, this approach is the objective of this article. Ethnographic method is used to access indigenous culture map, and reconstruct the topological characterization of their houses through their speeches. The house representations found (mud house´s, ranch, old model and young model), are redefined in topics of several realities and sociocultural dialectic of their settlements, showing sequential stages of evolution, and meanly aligned to the wished, aspirations and new citizenship that these families had acquired in the new appropriate habitat.

Key words: wayuu / social representations / house´s representations / typology / wayuu urban house /Maracaibo

 

1. INTRODUCCIÓN

En la frontera colombo-venezolana habitan los wayuu, pueblo amerindio de filiación lingüística arawak, allí se contabilizan más de trescientos mil individuos equitativamente mayor en la república de Venezuela que en la república de Colombia, ésta última posee la más extensa proporción de sus territorios ancestrales. En Venezuela, habitan en los municipios Páez hoy Guajira, Mara y Almirante Padilla (Zulia), donde tejen sus dinámicas y complejas relaciones espaciales en relación con los territorios al que han emigrado, particularmente hacia Maracaibo y otros poblados zulianos en los municipios Lossada,La Cañada, Rosario y Machiques de Perijá, Miranda, Baralt, Bolívar, Sucre entre otros.

Es en la ciudad de Maracaibo o Mara´kaaya -su representación recreada desde sus imaginarios (Pérez, 2006)-, donde redefinen el rol social que juegan en el hábitat apropiado y construyen sus representaciones habitacionales a partir de sus universos simbólicos, valores, conocimientos y creencias. Estas conceptualizaciones extrapoladas desde sus experiencias rurales transformadas por la convivencia continua en el contexto social, económico, religioso y cultural en Maracaibo, dan muestra de su habilidad de negociar elementos de su cultura con el sistema imperante para sobrevivir como grupo diferenciado.

En el presente artículo se plantea una aproximación al estudio de las representaciones de la vivienda entre los wayuu de la ciudad de Maracaibo, y se aportan luces para desentrañar la complejidad de su hábitat y los rasgos fundamentales de sus viviendas que han sido extrapoladas de sus rancherías. Guardando las distancias con el trabajo de Weildler Guerra (1993), que analiza las viviendas de los wayuu en ciudades colombianas, este trabajo agrega inéditos elementos a la comprensión de su cultura material. Bajo el enfoque de las teorías de las ciencias sociales en una interrelación dialéctica con la práctica arquitectónica, se pone de relieve la caracterización de su hábitat y viviendas en un contexto urbano, se explican las traslaciones conceptuales y lógicas sociales de la cultura ante el valor que asumen sus recintos domésticos hacia el interior de su sociedad y las otras sociedades con las que conviven.

Para ello, se aborda el sujeto/objeto desde la intención de aprehender la vida del otro en un marco espacial-temporal que involucra al investigador, asumiendo la pertinencia del uso del método etnográfico y la hermenéutica para producir e interpretar los datos. Los resultados expuestos aquí forman parte de la investigación “Configuración de la vivienda wayuu en Maracaibo: una mirada desde lo sociocultural”, llevada a cabo por el autor enla Maestría en Vivienda, dela Facultad de Arquitectura,la Universidad del Zulia, Venezuela.

Se ha organizado el artículo en cuatro secciones, a saber: en la primera se exponen las teorías que guiaron la investigación y sirvieron para contrastar los datos y su interpretación a través de tópicos tales como: la memoria social y las representaciones sociales relacionados a la vivienda, y el debate sobre la construcción de la disciplina de la arquitectura intercultural como herramienta científica para el estudio del hábitat humano en particular la cultura material del pueblo wayuu. La segunda sección debate la crítica a las tipologías residenciales en un marco holístico relacionando la teoría de las representaciones sociales y los estudios de arquitectura, además, expone el método de investigación empleado. En la tercera sección, se exponen los resultados de la investigación donde se desglosan las representaciones habitacionales entre los wayuu en el marco de las relaciones contextuales con Mara´kaaya yLa Guajira. Finalmente se enuncian algunas recomendaciones a manera de conclusión.

 

2. MEMORIA SOCIAL Y VIVIENDA

Entre las necesidades básicas del hombre como ser social están la tenencia o habitabilidad de una vivienda, que es asumida en este trabajo como un objeto social específico y tiene que ver con las cotidianidades de los sujetos tejidas hacia su interior, concretando formas particulares para observar y entender este fenómeno. En este sentido, como objeto social, no existen realidades homogéneas ni normas únicas, universales y válidas de viviendas en los diversos contextos donde se emprenda su construcción bajo las condiciones económicas, sociales, históricas, los sistemas de creencias y valores de cualquier índole (Salcedo, Bravo y Durante, 2001:481).

Es así como los wayuu, a partir de su universo particular de valores, cosmogonías, creencias y símbolos construyen subjetivamente el objeto social vivienda, fundamentado básicamente en la percepción que se tiene de la realidad urbana y cambiante del contexto, por el rol que juegan en la sociedad marabina, por las relaciones socioculturales y por sus experiencias rurales de un pasado no lejano en el contexto de sus territorios ancestrales traídas a la ciudad.

En Maracaibo, desde hace cinco décadas los wayuu se constituyen como los principales agentes de producción de un particular espacio urbano intercultural, que en la praxis se constituye en el plano para su vida urbana, subsistencia e interrelaciones con el otro diferente. Este sujeto social a través del despliegue de los complejos procesos de control cultural, imagina, crea e innova su hábitat residencial y gradúa las relaciones que se han de realizar sobre el mismo (Bonfil, 2002). Precisamente estos procesos, complejos y prolongados en el tiempo, permiten definir los niveles de pertenencia y compromiso social sobre los espacios de la ciudad.

En relación a esto, puede afirmarse que los wayuu tienen su propia memoria social, así como, conceptos y creencias que han construido a lo largo de su existencia y que han ido cambiando en los distintos momentos de desarrollo de esta sociedad, conocimientos tales que son compartidos con cada miembro de su cultura. Al respecto, “las creencias sociales que específicamente compartimos con otros y que constituyen el vasto conocimiento que se tiene del mundo, forman parte de la llamada memoria social” (Salcedo, Bravo y Durante, 2001:483). Esta memoria social nace del proceso de construcción permanente de la ciudad, y sirve para enfrentar las fuertes tensiones que se dan en el plano de la cultura expuesta a elementos ajenos, por lo que las sociedades que ocupan posiciones privilegiadas disponen de un poder simbólico, para decidir cuál debe ser la cultura a valorar dentro del ámbito social.

Esto deja observar que las representaciones que los wayuu hacen de sus viviendas están influenciadas por la estigmatización del saber distinto que hace la sociedad mayoritaria, es decir, las prácticas culturales y sociales de los criollos determinan estas representaciones, que como una expresión de poder, definen el conocimiento que debe circular en el seno de la sociedad, cuál conocimiento debe ser asumido y compartido por el resto de los actores sociales (Salcedo, Bravo y Durante, 2001:485).

Las continuas intervenciones sobre sus asentamientos tradicionales rurales por parte de las instituciones gubernamentales venezolanas, durante todo el período democrático a través de las políticas de vivienda rural han contribuido a establecer, por imposición, sobre sus planos cognoscitivos concepciones ideales del objeto social vivienda, echando las bases de una memoria social adoptada como el paradigma del progreso y la prosperidad, que en muchos casos se observan como visos de rechazo en estas sociedades por los valores de lo propio. De la misma manera, el estamento jurídico sobre el que se soportan dichas políticas habitacionales influye en esas particulares representaciones que construyen del hábitat y la vivienda este grupo indígena.

La negación de algunas de sus pautas residenciales infiere una actitud de vergüenza étnica, pero no puede tildarse categóricamente de esa manera debido a su complejidad, aunque se perciba en la generalidad la autoidentificación en los valores ajenos la norma a seguir en la convivencia colectiva como comunidad urbanizada. Las viviendas construidas tendrán diversas concepciones asociadas a la vivienda ideal, esas mismas en las que han de vivir y volcarán hacia su interior sus símbolos y normas consuetudinarias redefinidas a través de la aprehensión de la cultura alijuna, de la que asumirán aquellos rasgos que beneficien la particularidad étnica y definan su nueva identidad y ciudadanía en los barrios de Maracaibo.

 

3. REPRESENTACIONES SOCIALES Y VIVIENDA

Abordar estudios de arquitectura desde enfoques socioculturales partiendo del hombre como artífice del objeto arquitectónico, requiere considerar fundamentalmente los discursos de los investigados y, a partir de sus sentimientos explícitos e implícitos en su verbo desentrañar sus imaginarios y sus formas particulares de comprender el mundo. Desde los aportes socioculturales relativos a la vivienda que han ofrecido Rapoport (1969), Hall (1972), Egenter (1990), Mari-Jose Amerlinck (1995) y otros, se ha recorrido un largo trayecto que ha contribuido a construir una metodología de investigación que parte del razonamiento holístico del objeto social vivienda y del mismo sujeto que la concibe, construye y semantiza desde sus propias vivencias y cultura.

En relación al objeto social vivienda, las representaciones sociales van a expresarse dialectalmente sobre una determinada realidad social que significarán por sí solas, en realidades portadoras de ciertas dinámicas socioculturales. Las formas particulares de la cultura wayuu en conjunción con la realidad contextual que ofrece la ciudad de Maracaibo sobre los esquemas cosmogónicos de estas sociedades, van a concretar una representación del mundo (Salcedo, Bravo y Durante, 2001:481), una realidad basada en el sentido del habitar las heterogéneas viviendas que construyen en el entorno urbano.

Farr (1993), refiere que entre las funciones de las representaciones sociales están establecer un orden para la orientación de los individuos a dominar su mundo social y material, además proveer de los códigos de intercambio social para establecer comunicaciones entre los individuos de una sociedad; por su parte, Jodelet (1984), explica que las representaciones sociales son imágenes que condensan un conjunto de significados, un sistema de referencia interpretativa que permite crear categorías para clasificar circunstancias. Esto implica que las representaciones sociales construidas por los wayuu en función de la convivencia con sociedades heterogéneas, definen su particularidad y en función de ellas orientan sus modos de interactuar, clasificando la realidad del hábitat bajo preceptos aprehendidos de la otra cultura.

Los individuos no construyen el conocimiento con independencia de su contexto social (Moñivas, 1994:409), de aquí que la elaboración de la realidad (entendida como experiencia social) se ve influenciada por las inserciones del sujeto en diversas categorías sociales y su adscripción a distintos grupos que constituyen fuentes de determinación, generan visiones compartidas de dicha experiencia social e interpretaciones similares de acontecimientos, de manera que existen diferentes formas de percibir y abordar la realidad social (Salcedo, Bravo y Durante, 2001:484). Este asunto explica que los wayuu, tanto en Colombia como en Venezuela, construyen representaciones de la vivienda urbana muy distintas, ya sea por la adscripción a demografías o contextos muy disímiles de emplazamiento.

La vivienda como fenómeno cultural se materializa en un contexto o medioambiente rural o urbano y llega a conformarse a través de los medios, conocimientos constructivos, los imaginarios de los objetos, los fenómenos que suceden alrededor del sujeto que la habitará, y ha de ser albergue de la familia como núcleo fundamental de la vida humana. Es pues, la expresión material de una cultura determinada y de la memoria social representada a partir del despliegue de las relaciones económicas, tecnológicas, socioculturales y geográficas del contexto natural.

La vivienda adquiere diversos significados dentro del abanico cultural de las sociedades, simboliza, recrea circunstancias y formas de vida que precisamente en las sociedades emigrantes, se replican en los recintos del nuevo hábitat adoptado; las experiencias sociales de los actores, por ende, son volcadas en las conceptualizaciones que hacen de sus prácticas, de esta manera, las representaciones son construcciones de la experiencia social de los actores, y no una construcción social de la realidad (Salcedo, Bravo y Durante, 2001:483). En La Guajira, los modos de vida de los wayuu se rigen bajo ciertos parámetros y pautas, que van a conformar la percepción del objeto social vivienda sobre el plano de la cultura y sus praxis constructivas.

 

4. LA ARQUITECTURA INTERCULTURAL COMO MARCO DE ESTUDIO DE LA VIVIENDA INDÍGENA

Las ciencias sociales hoy día, se han convertido en una herramienta de investigación empleada por la arquitectura para abordar los objetos de investigación referidos a los recintos domésticos desde una óptica holística y partiendo de las relaciones socioculturales de sus habitantes. Ejemplo de esto se tiene la antropología arquitectónica, la antropología urbana y más recientemente la arquitectura intercultural. La primera se constituye en un campo de investigación nuevo y de alcance mundial que implica la interrelación de estudios de etnología arquitectónica, la prehistoria e historia de la arquitectura hasta la primatología arquitectónica; son pues las complejas relaciones entre el hombre y construcción, las abordadas desde una óptica científica por esta disciplina (Egenter, 1990).

Se tiene entonces que la antropología arquitectónica refuta las teorías evolucionistas muy usadas por la disciplina arquitectónica y los métodos tipológicos e históricos empleado para describir estilos y precisar fechas, por lo que no solo es necesario que la arquitectura conceptualice formas sino que considere los aspectos propios de la cultura de los individuos que habitan los recintos (Servigna, 2000).

Por su parte, la arquitectura intercultural fiel a esa línea distintiva de considerar la esencia cultural del sujeto en las soluciones planteadas al hábitat humano, se pone de relieve en el caso que se trata en este artículo al revisar las continuas relaciones entre los indígenas wayuu con las sociedades hegemónicas en esta especie de dicotomía de habitabilidad desarrollada, así que se abren nuevos horizontes disciplinares que permitan definir el estudio de las relaciones de hegemonía-subalternidad bajo otros enfoque contemporáneos, como lo es la interculturalidad.

En este debate y aportes a la filosofía de la interculturalidad, emerge la arquitectura intercultural, como una disciplina que busca desentrañar los códigos y significados de las culturas que habitan los recintos, y asimismo busca espacios comunes entre grupos étnicos diferentes, espacios de convivencia, espacios para coexistir con el otro, donde las relaciones no estén dadas por el dominio de algunos sobre otros, sino por la transfiguración de lo propio y lo ajeno (Sáez, 2005). Bajo ese esquema, los aportes arrojados por esta investigación tienen que ver con el objeto de esta disciplina científica, el cual aborda un estudio etnográfico sobre el hábitat y la vivienda del pueblo wayuu. A decir de Sáez (2005) la arquitectura intercultural:

“…debe asumirse como una arquitectura con la cualidad de permitir relaciones interculturales, donde no exista un modelo estereotipado como paradigma interpretativo, donde se identifica una comunidad humana que se conduce bajo la filosofía de transfiguración, de transformación a partir de su relación con los otros. Es capaz de reconocer e identificarse con lecturas de formas de uso del espacio y del lenguaje formal de heterogeneidad cultural”.

Si bien la antropología arquitectónica se basa en un acercamiento desde disciplinas ligadas a la sociología, la etnología y la historia para abordar el objeto de investigación, la arquitectura intercultural destaca la búsqueda de un entendimiento desde la comprensión de los códigos constructivos entre una y otra sociedad inmersas en dinámicas de hegemonía-subalternidad. Desde la arquitectura se valoran los aportes ofrecidos por antropólogos, sociólogos, antropologos entre otros, que ubican los conocimientos sociales en sus justos planos dialectales con la vivienda indígena, que en esencia corresponde al legado de una América profunda que desliga sus aportes de la herencia europea en todos los ámbitos de su convivencia.

En ese sentido, considerando la doble nacionalidad de los wayuu, es una realidad que construyan distintas configuraciones de viviendas en los contextos en los que les ha tocado vivir. En Colombia, la actual manifestación de su arquitectura doméstica tiene incidencia directa de las herencias culturales por las que ha pasado la península de La Guajira, de ahí que la herencia indígena prehispánica, la herencia hispánica y las influencias del Caribe especialmente de las construcciones de puertos marítimos durante el siglo XIX tengan íntima relación en su configuración actual (Guerra, 1993:91), y además sea artífice de los nuevos matices mostrados en los centros poblados alijuna del siglo XX.

En Venezuela, en especial en la ciudad de Maracaibo, los wayuu redefinen su habitabilidad siguiendo las modas constructivas y la cultura material de las sociedades marabinas, de ahí que se observe la herencia de la arquitectura colonial y más recientemente influencias de la clase media de Maracaibo donde se han constituido en una clase obrera particularmente destacable en el área de la construcción civil (Morillo y Paz, 2008a). Los procesos de cambio van dirigidos a la permanencia en un contexto altamente dominado por la cultura occidental, y en esa atracción ejercida por la ciudad ha experimentado la transfiguración de diversas y sincréticas formas habitacionales.

 

5. APUNTES DE MÉTODO: TIPOLOGÍAS Y REPRESENTACIONES, CRÍTICA Y PERTINENCIA

Tipologías y representaciones son dos categorías que tienen sus marcos de referencias opuestos, desde enfoques que se han aproximado recientemente -desde la segunda mitad del siglo pasado- a través de tratamientos que combinan conocimientos desde la complejidad epistemológica de las noveles disciplinas de la antropología arquitectónica y la arquitectura intercultural, ubicadas hoy en plena definición de sus implicaciones con respecto al sujeto/objeto en sus investigaciones.

Compaginar el estudio de la expresión del hábitat wayuu en un contexto urbano a través de la dialéctica disciplinar de la arquitectura y las ciencias sociales, requiere de la revisión crítica del concepto de tipología contrastándola con la teoría de las representaciones sociales, ésta última, empleada regularmente por las ciencias humanas para abordar la aprehensión del sentido común. De sus múltiples referencias, oposiciones y diferencias se hará un acercamiento holístico a este peculiar fenómeno. Estas líneas se enmarcan epistemológicamente en la disciplina de la arquitectura intercultural para aportar elementos que permitirán subrayar el papel de las representaciones sociales en el ámbito de la residencia de la multicultural sociedad venezolana.

En primera instancia, se tienen el tipo y la tipología como términos relacionados que se asumen desde la historia y la teoría de la arquitectura para clasificar, describir las configuraciones edificatorias residenciales de una sociedad en el tiempo y en el espacio. Implican categorizar un objeto bajo estructuras rígidas o estáticas y catalogar en función de características comunes, se refiere a un modelo o ejemplar que puede imitarse y posee los rasgos propios de una especie o género a los que representa.

Al intentar separar las múltiples funciones de un objeto del contexto y la variable temporal en el que se da la expresión del fenómeno arquitectónico, y pretender dar una generalidad universal a los patrones clasificados se cae en una ruptura de la cultura como continuum (Albó, 2003), refiriendo una tendencia purista que hoy día, desde las ciencias sociales, ha sido cuestionada por su invalidez conceptual. El objeto social vivienda, al igual que las estructuras culturales de la sociedad que la construye y la vive, es dinámica, sujeta a cambios y, por lo tanto, al pretender estandarizar los recintos humanos implica vincularlos a una línea evolucionista, expresando una errónea conceptualización que contradice sus variables internas. Esta preocupación no es nueva. La pérdida de la importancia de la utilización de las tipologías como metodología, en las investigaciones desde la arquitectura, data del siglo XIX:

“Entiendo que como disciplina la tipología permite afrontar estudios de arquitectura, salvando encuadres o clasificaciones de cronología y estilo. Pues sobre todo en nuestro ámbito geográfico este último enfoque resulta en ocasiones dudoso, incluso contradictorio con relación a la cronología dominante. Los estudios sobre el tipo y las tipologías tuvieron gran éxito durante los años setenta del siglo XX, en especial entre los arquitectos italianos. Aldo Rossi, posiblemente mejor teórico que constructor de arquitectura, cuyo envejecimiento se avecina, contribuyó poderosamente con sus escritos a la difusión de ese método de análisis y de trabajo. Pero la preocupación sobre dicho concepto, el de tipo, no constituía ninguna novedad. En la ya lejana fecha de 1825 Quatremère de Quincy en su ‘Encyclopèdie methodique d´Architecture’, ya se detenía en ella considerada la idea de un elemento que debe ser regla del modelo. Y si la tipología en palabra de V. Gregotti es la disciplina que se ocupa de la discusión, clasificación y fundamentación de los tipos, debemos entender toda su importancia en el análisis de la ciudad y su arquitectura sí, como los arquitectos italianos de la revisión historicista en los citados años setenta, pensamos en la necesaria superación del estricto funcionalismo, en la medida que el propio funcionalismo había propuesto liquidar las tipologías. De ahí que no resulte baladí un estudio de los tipos para no confundir funciones, orígenes, usos, espacios, etc. con independencia de encasillar edificios por estilo o cronología” (Varela, 2002).

Sin ánimos de promover una arquitectura para gente ausente, desde el enfoque de estudio del sentido común y la exploración de un hecho determinado que suscite interés y forme parte de la comprensión del otro diferente, se tejen diversas alteridades y se crean estereotipos prejuiciosos. No se puede hablar de una vivienda en estado puro sin cambios a través de la historia de las civilizaciones, que es la esencia que se quiere establecer al hablar de las tipologías residenciales. Si bien es cierto, las sociedades han cambiado, han transformando sus modos de vida y su cultura material, las representaciones que han hecho de sus viviendas en el plano material simbolizan y evidencian que son partícipes de su propia identidad como grupo cultural, aunque ciertos rasgos de las mismas sean reapropiadas o tomadas de las interrelaciones que han tenido con grupos culturales diferentes en su contexto.

En las barriadas periféricas de Maracaibo no se pueden asumir la presencia tajante de tipologías habitacionales, la teoría del cambio sociocultural asumida como las fuerzas socioculturales que modelan las edificaciones (Bonfil, 2002; Rapoport, 1978), hace que esta noción se diluya conceptualmente debido a que las culturas y las diversas sociedades cambian muy rápido en la era de la globalización. Las particularidades actuales aceleran estos procesos en virtud de la asimilación de modas tecnológicas e influencias socioeconómicas y culturales, de ahí que las viviendas adquieren diversas configuraciones que irán cambiando a medida que las sociedades que las habitan, cambian hacia el interior de sus sistemas de organización social y cultural; no pueden ser concepciones estáticas que se cataloguen como definitivas, pues en un momento determinado podrían asumirse tipologías, sin embargo, éstas dejarán de serlo, al observarse críticamente en otro marco temporal.

Es por ello que resulta conveniente para el análisis, asumir el estudio de las configuraciones habitacionales en el contexto de las ciudades a través de las representaciones sociales, que tienen como función conceptualizar lo real a partir del conocimiento previo, además designar una forma específica de conocimiento (Moscovici, 1979). La noción de representaciones sociales no está adscrita a ninguna disciplina particular, en ese sentido, las ciencias humanas le han dado diversas definiciones y aplicaciones, alrededor de ellas se ha construido un fecundo espacio de investigación provisto de instrumentos metodológicos y conceptos propios para abordar las múltiples áreas y los diversos objetos de estudio (Moñivas, 1994:411).

Para adentrarse al estadio de las culturas locales y su desenvolvimiento en los contextos espaciales, cuya tendencia es integrarse al tejido urbano de las ciudades y donde se hace evidente la confluencia de diversidades culturales, se utilizará esta metodología para comprender la realidad del hábitat wayuu. Las investigaciones en el ámbito científico de las ciencias sociales que relacionan representaciones y vivienda son relativamente pocas.

Como herramienta de investigación social, en este trabajo se empleó el método etnográfico, considerado el “método privilegiado de la antropología” (Hammersley y Atkinson, 1994), que implica una acción social construida en base a la presencia del observador, que “connota relaciones igualitarias, aprendizaje de las reglas de comunicación del grupo estudiado y el seguimiento de las reglas y en cierto grado de empatía” (Velasco y Díaz, 1997:25).

El trabajo etnográfico fue realizado en el barrio 23 de Marzo, parroquia Idelfonso Vásquez, municipio Maracaibo del estado Zulia, Venezuela, y duró aproximadamente cuatro meses (julio 2006 – noviembre 2006). Se utilizaron las técnicas de la observación y la entrevista a profundidad, las cuales permitieron construir una representación de la realidad y la obtención detallada de la habitabilidad de la vivienda y la interacción del grupo familiar en la misma.

El proceso de observación se basó en una población referencial de 16 familias-viviendas, de acuerdo a esto, las entrevistas se aplicaron a informantes clave miembros del total de las 16 familias, es decir, una persona por familia, 2 hombres y 14 mujeres en edades de 28 a70 años; así mismo, se entrevistaron 2 personas todos hombres de la etnia wayuu, relacionados con el oficio de la construcción dentro y fuera del barrio cuyas edades son 25 y 50 años.

Se consideró familias netamente wayuu y mestizas, además otras en la que uno de los cónyuges es alijuna o criollo cuyo nivel socioeconómico y educativo varía, emigrantes o nativos de la ciudad, teniendo consciencia que los aportes de la diferenciación intraétnica reflejan una configuración particular de vivienda. Esta selección constituye un grupo de personas con una nueva conciencia citadina (García, 2002), que recrean un mosaico de estilos y formas de vida de familias inmigrantes que aun mantienen sus modos de vida domésticos rurales propios deLa Guajira, hasta familias donde sus integrantes han nacido en la ciudad de Maracaibo y cuyo contacto con la tierra ancestral ha sido reducida, en algunos casos nula.

La complementación dialéctica metodológica entre la práctica arquitectónica y las ciencias humanas permitió basarse, no sólo en los discursos de los sujetos, sino en el estudio de las configuraciones arquitectónicas de sus viviendas donde se obtuvieron datos suficientes para caracterizarlas desde las variables espaciales, funcionales, morfológicas y tecnológicas. Se relevaron las viviendas, se utilizaron fotografías y cartografía urbana. La información de las entrevistas fue analizada mediante la hermenéutica y la sistematización de contenido, para luego ser categorizada en marcos conceptuales. Finalmente se procedió a identificar las categorías utilizadas por los informantes, construyendo unidades de análisis abstractas en contenido y delimitación.

 

6. DECODIFICANDO LAS REPRESENTACIONES HABITACIONALES URBANAS DE LOS WAYUU

Las representaciones habitacionales que los wayuu han construido en su contacto intensivo con los pobladores de la ciudad de Maracaibo, están relacionadas indirectamente a la búsqueda cognoscitiva del bienestar y un mejor futuro para sus familias, y se orientan en función de las siguientes premisas: “Una buena casa determina el estatus y nivel de vida adquirido en su corta estadía en la ciudad”, y “una casa precaria indicaría el bajo progreso familiar desde la concepción del otro igual”. De allí que se hagan distinciones definidas de sus viviendas, confiriéndoles particulares atributos siguiendo un orden en el que remarcan códigos culturales internos, comprendidos fácilmente entre los miembros del grupo étnico.

Las representaciones sociales construyen el sistema informativo que da cuenta de la percepción y la concepción, desde un punto de equilibrio de los constructos orales e imaginarios culturales, generando el dominio de códigos y símbolos, a través de un subrepticio proceso de control cultural realizado sobre las viviendas urbanas que da ciertas facilidades a la reinvención de las representaciones habitacionales, ya sea por medio de la reproducción de una espacialidad determinada, como la funcionalidad, la morfología y lo sociocultural.

Particularmente este último factor permite decodificarlas: “Una casa de barro es una casa”, “Un rancho de zinc no es una casa, es la semilla de la futura casa” y, desde allí, se puede trascender secuencialmente a una vivienda de modelo viejo o modelo nuevo, dependiendo de las oportunidades económicas de la familia, “Una casa a media agua de material, es un modelo viejo” y “Una casa concebida desde las instituciones de vivienda locales –por ejemplo, una vivienda de IVIMA-, así mismo, una casa autoconstruida con materiales nuevos es una casa de modelo nuevo”.

Las dos primeras representaciones reflejan una reproducción de la arquitectura doméstica tradicional, las dos últimas hacen una analogía de las viviendas que se construyen en los poblados urbanos por parte de las sociedades hegemónicas poniendo en evidencia el sincretismo, la versatilidad y multiplicidad del hábitat y del habitante que, en su intensa interrelación sociocultural con los pobladores de la ciudad de Maracaibo semantizan algunos de sus patrones de residencia.

 

6.1. LA CASA DE BARRO: LA DIALÉCTICA DEL ESTIGMA Y EL ESTATUS

En los barrios de Maracaibo, la casa de barro es la representación que más se acerca a la vivienda rural wayuu extrapolada desde sus territorios ancestrales de La Guajira, se podría decir que constituye una réplica bastante eficiente de la piichi´pala, y una representación de la ruralidad del semidesértico contexto del que han emigrado. Hoy día, estas casas aún siguen construyéndose como forma básica de vivienda en algunos poblados adyacentes a los centros urbanos, su funcionalidad no ha sufrido drásticas transformaciones, pues se mantiene el tradicional paülü’ü, un espacio polifuncional que en conjunto al área de parcela conforman la vivienda que las familias adoptan para vivir, la luma por su parte, se constituye en el enclave wayuu estampando el sello cultural propio (Ver Figura N° 1).

 Figura N° 1. Cotidianidad doméstica exterior de la luma en la representación casa de barro. Fuente: archivo personal de Jaider Luque (2005).

En los contextos urbanos y rurales es muy frecuente la combinación de materiales modernos en su construcción, observándose los techos de zinc y los pisos de cemento pulido. Aún así, en la ciudad el uso del barro (pootshi) y el yotojolo (yosú), se considera una práctica obsoleta, por oposición a la existencia de otros materiales técnicamente más eficientes, duraderos y con versátiles formas de adaptarse a los sistemas constructivos criollos.

A pesar que la construcción con tierra posee innumerables ventajas desde el punto de vista de la bioclimática, su uso se ha visto reducido por el estigma social que implica su empleo en otras zonas que no sean rurales. Esta dialéctica del estigma en el uso del barro observado en la habitabilidad rural-urbana de los wayuu, la plantea este informante:

“[…] yo tuve una casa de barro pero pa´ acá pa´ Chino Julio, no hice una pa´ acá porque no había barro amarillo con cagajón de ganado, se machuca, y no se raja, era un barro que se rajaba y no me gustaba, si no lo hago así también…” (López, entrevistado 2006).

Se observan tendencias constructivas que permiten optimizar el uso de los materiales locales, y le dan a las viviendas unas características deseables desde lo tecnológico; la técnica de bahareque prevé el tipo de material, uso, calidad, no permitiendo que las paredes se deterioren con facilidad por la acción de la erosión de los agentes climáticos como el viento, la lluvia, el sol el calor del medio físico construido de implantación, lo que obedece a esa búsqueda innata del perfeccionamiento de la técnica de construir las viviendas con el fin de hacer más resistentes los acabados. Por lo anterior, se pone de relieve el hecho que en la ciudad de Maracaibo se observa nulamente la construcción de una casa de barro por la carencia del suelo apto para edificarla, además, que esta técnica no es vista positivamente por los constructores y propietarios wayuu, por ser considerada una vivienda de pobres (Ver Figura N° 2).

 

Figura N° 2. Introducción de la lámina de zinc en la representación casa de barro. Fuente: archivo personal (2007).

La estigmatización de la representación casa de barro de los wayuu por parte de las sociedades hegemónicas y del propio grupo étnico, deja entrever una conceptualización de incoherencia y anomalía (Salcedo, Bravo y Durante, 2001:485), hecho éste que ratifica que las representaciones sociales son particularmente construidas de acuerdo a la realidad cultural de cada grupo social. Gasparini (1962) ya en el siglo XX desde un enfoque sociológico, explica este rechazo y el sentido despectivo con que la sociedad occidental observa el fenómeno habitacional indígena, condición legitimada e impuesta desde el marco legal de los Estados-nación sobre lo que debe ser considerado una “vivienda digna”, desechando desde el discurso, la supuesta precariedad y debilidad de las representaciones residenciales expresadas por los indígenas en sus viviendas tradicionales, aún al asentarse en un barrio de cualquier ciudad venezolana.

Este autor, enfatiza el hecho que las sociedades criollas tildan de rancho a una vivienda construida en base a la tecnología de bahareque de manera artesanal, lo que se constituye en un fenómeno cultural singular de gran interés analizar a la luz de los aspectos etnográficos, ya que reflejan manifestaciones de valores tradicionales vigentes que datan desde los tiempos de la colonia y que, en la actualidad, con el aporte de nuevas tecnologías y materiales no se han podido eliminar.

Otro tema de interés relacionado al estudio de las viviendas tradicionales construidas en base al barro es la cubierta de paja. La interpretación dada a esta solución constructiva en la vivienda indígena predispone a tildarla de “pobreza inventiva o económica”, despertando “la idea de casa indígena arcaica, salvaje y atrasada, acostumbrados como estamos a relacionar nuestra vida con los espacios arquitectónicos metropolitanos, a los conocimientos técnicos y científicos” (Gasparini, 1962:14). Esta solución aportada por los indígenas desde el punto de vista etnográfico refleja, por lo tanto, una de las tantas herencias culturales relacionadas a su manera de vivir, transmitidas de generación a generación entre los aborígenes americanos. Son pues, las representaciones habitacionales de los indígenas observadas y señaladas bajo un enfoque diverso desde los tamices culturales de cada grupo social, y sobre las que se hacen juicios de valor tratando de descalificarlas desde las relaciones de hegemonía-subalternidad.

En oposición a la representación de la casa de barro los wayuu construyen la denominada vivienda de “material”, o los modelos viejo y nuevo, que en líneas generales se definen como aquellas viviendas de más presencia o estatus, y que nunca se podría comparar con las comodidades que relativamente ofrecen las casas de barro que comúnmente se construyen en La Guajira. De ahí que, el factor sociocultural y el contacto con la sociedad alijuna van a jugar un papel importante en la no adopción de la casa de barro como vivienda principal en la ciudad. Una entrevistada refiere:

“No me imagino una casa de barro, mi mamá tenía un ranchito de lata, después mi papá hizo la pieza de material, y como todas vivimos con alijuna todos nos han hecho casa de material” (Hernández, entrevistada 2006).

Las relaciones exogámicas que los wayuu han practicado en sus interrelaciones con las sociedades alijuna han incidido sobre las representaciones de la casa de barro, es decir, la unión con los cónyuges de otra cultura suprime el valor de sus recintos tradicionales desde el punto de vista cultural. Esta supresión significa un cambio que adecua las costumbres wayuu a un estilo particular de convivencia en un contexto que rechaza los valores de habitabilidad que el medio rural proporciona. Otro entrevistado realiza un paralelismo entre la casa de “material” y la casa de barro:

“…el de material es de lujo, un nuevo modelo, en cambio el de barro no, el barro siempre es barro, el barro es tierra, es casa pero nunca es igual, tiene más presencia esto que el barro” (López, entrevistado 2006).

Entre la casa de “material” y la casa de barro se evidencian las incidencias de los procesos de cambio cultural, en el sentido que permite a los wayuu alcanzar cierto estatus y la obtención de una incipiente diferenciación cultural en menoscabo de la representación de la casa de barro, en ese sentido, explica el auge constructivo de viviendas siguiendo los lineamientos urbanos dominantes. La estampa exterior de la casa de barro se debate entre su aceptación sociocultural y su no lejano recuerdo de ser la casa ancestral de los antepasados, aquella que habitaron los abuelos y padres la cual se ha prescindido de su construcción en la ciudad como vivienda familiar. Hoy por hoy, en las áreas rurales fuera de la ciudad se continúan construyendo las casas de barro, pero bajo una modalidad readaptada desde relaciones interculturales en reciprocidad con las otras sociedades, -ya no con techo de paja o yotojolo, sino con láminas de zinc o asbesto-, lo que explica que su significación hacia el interior de sus modelos cognoscitivos es diametralmente opuesto cuando los wayuu llegan a habitar la ciudad.

Estos subconscientemente asumen la casa de barro como una representación que los identifica en el marco de un contexto temporal-espacial determinado, siendo la situación socioeconómica de las familias y su vinculación al hábitat urbano la que dará matices particulares sobre este modelo residencial. De los discursos de los informantes se rescata el hecho que esta representación es propiamente la configuración de una casa, donde su fisonomía arquitectónica y sus materiales orgánicos poco duraderos en oposición a las viviendas de las sociedades marabinas, infiere fundamental interés su sustitución por una configuración que represente lo más cercano el estatus social y económico adquirido o a adquirir en el nuevo hábitat del que se han apropiado.

 

6.2. EL RANCHO COMO LA REPRESENTACIÓN DE LA VIVIENDA SEMILLA

La vivienda como construcción simbólica particular y como objeto social provee códigos de intercambio social para establecer comunicaciones entre los individuos que hacen vida en los barrios de Maracaibo (Farr, 1993). Bajo ese precepto en el contexto de sus migraciones hacia la ciudad, los wayuu categorizan en sus asentamientos informales nacidos de procesos de invasión o apropiación ilegal otra representación: el rancho. Este bien, podría ser una reminiscencia de la casa de barro que construye en sus territorios rurales y en los barrios fuera de los límites urbanos legales de Maracaibo (Echeverría, 1995).

Sin embargo, desde el punto de vista de la configuración de su envolvente morfológica, el rancho es un recinto cuyos cerramientos horizontales y verticales lo constituyen láminas de zinc u otro material improvisado o de desecho, con sistema estructural compuesto de horcones como columnas y vigas de madera. Su funcionalidad se basa en la configuración del paülü’ü y en muchos casos integra la luma, que puede ser sustituida físicamente por la sombra que da uno o varios árboles, pero su concepción espacial y funcional se mantienen intactas. La particular distribución funcional del rancho, en el que se dispone de un recinto monoespacial y polifuncional que sirve como dormitorio, resguardo de pertenencias e intimidad de la familia, adopta la habitabilidad del afuera en contraposición del caluroso adentro que ante el clima de la ciudad y la refracción interna hace casi inhabitable el recinto durante el día (Ver Figura N° 3).

 

Figura N° 3. Contraste dialéctico entre las representaciones casa de barro y el rancho. Fuente: archivo personal (2007).

El rancho es pues, una representación secuencial de la habitación wayuu con particulares características tecno-morfológicas, cuya evolución constructiva indicará el grado de desarrollo social y económico que las familias van adquiriendo en la ciudad. Estos recintos son la representación inicial de residencia, no sólo de los wayuu sino de los alijuna, en los numerosos espacios populares espontáneos de finales del siglo XX, que se fueron adosando a la trama urbana de Maracaibo.

Para enfatizar el hecho que la representación rancho es una vivienda inicial, el germen, la semilla de la futura vivienda de los wayuu en su nuevo hábitat, es menester hacer alusión a otras realidades espaciales-temporales de sus dinámicas de habitabilidad en los territorios deLa Guajira, en este caso particular se analizará a continuación un paralelismo tipológico con las rancherías de pescadores enLa Guajira.

“La ranchería constituye la unidad técnica, económica y social de los pescadores de perlas. Son viviendas primitivas que no tienen más fin que con su escaso techo de palmas o de lona, proteger a los pescadores contra el sol y la fuerte brisa. Las rancherías son necesariamente móviles en razón de que su erección y continuidad dependerán tanto de la localización exitosa de los bancos perlíferos como el ritmo de producción de estos. Con frecuencia anteceden a la existencia de poblaciones estables, las cuales constituyen el embrión que puede llegar a convertirse en próspera ciudad” (Guerra, 1997:34).

Lo anterior da luces para entender cómo el rancho, ante las necesidades extremas de espacios para habitar y del contexto socioeconómico particular de estos grupos, se convierte en la representación de una vivienda inicial, un embrión, una vivienda semilla. Esta comparación con las improvisadas rancherías de perlas en relación a su configuración espacial, así como sus materiales, “ayer palmas o lonas, hoy latas, telas plásticos y/o cartones” (Pérez, 2006:412), hacen que sea una concepción que, aunque redefinida en el contexto y en el tiempo no necesariamente devienen en ciudades prósperas, en muchos casos conforman intrincados barrios en la periferia de las ciudades.

Los wayuu al momento de ocupar un espacio urbano, delimitan y designan marcas simbólicas sobre el mismo, y construyen el germen de lo que será su futura vivienda que al pasar los años, se consolidará ampliando las posibilidades de comodidad y acceso a los servicios urbanos. Esta unidad semilla generalmente es un recinto monoespacial dispuesto sobre parcelas rectangulares con el frente hacia una calle: observándose la combinación de una noción residencial extrapolada de sus territorios tradicionales con las configuraciones urbanas y la arquitectura doméstica de los poblados criollos (Ver Figura N° 4).

 

Figura N° 4. El rancho, reminiscencia de la representación casa de barro. Fuente: archivo personal (2008).

La erección de un rancho se da generalmente en los asentamientos de invasiones y obedecen a situaciones socioeconómicas familiares, dinámicas de conformación de las familias extendidas y particularmente una realidad de pobreza, lo cual se constituye en una limitante, y “…una dificultad en la medida que, al distinguir a los indígenas por círculos sociales, merman sus condiciones de posibilidad de reconocer, ejercer y crear opciones, aislándolos y marginándolos” (Sáez, 2005:26).

Es la pobreza, por lo tanto, un factor que incidiría en la construcción del rancho, que culturalmente es una vivienda diferente en un contexto y situaciones de integración social particulares, pero que resumen las pautas espaciales intrínsecas de los wayuu que no prescinden de sus concepciones de habitabilidad. En los nuevos asentamientos, las opciones que los emigrantes wayuu han tenido para replicar sus viviendas tienen que ver con el poder adquisitivo, con lo cual se crea un contexto que encierra una especie de marginalidad social dentro del barrio que en sus inicios, no cuentan con ningún tipo de servicio urbano abonando las condiciones para una marginación social más aguda.

De ahí que para los wayuu, la reconstrucción de su habitabilidad residencial a través del rancho, al destinar usos y funciones tal cual como lo harían en sus rancherías deLa Guajira, no es considerada una forma aceptada de residencialidad, pero sí tolerada como una vivienda temporal con claras pretensiones de avanzar a otro estadio de desarrollo social y económico, al ser cambiada radicalmente por un recinto, aunque monoespacial de materiales duraderos como el bloque y cemento. Generalmente, se observa su rechazo por su precariedad constructiva, además porque no es una vivienda que represente sus deseos de superación económica,  la adquisición de estatus y el modelo ideal para habitar la ciudad. Un informante explica este asunto:

“…yo soy muy unido y aconsejo a la gente, por lo menos la señora que tengo allá yo la aconsejo, esto no es casa señora, esto es un rancho, por lo mismo ya mandaron a medir pa´ la mejora, mandaron a hacer un presupuesto” (López, entrevistado 2006).

Las mejoras mencionadas, aducen la realización de un presupuesto que materializará un proyecto que la familia gestionará ante la Alcaldíalocal para la supresión de la vivienda, en el marco del programa SUVI. Aunque no se apunta a un cambio radical por lo menos se establece un cambio físico, porque los wayuu mantienen su habitabilidad espacial-funcional intacta en estos recintos que erigen en los barrios informales de la periferia marabina.

Por otro lado, se observan actitudes que se ocultan detrás del endorracismo y la resistencia al cambio, en función de la relación que han tenido con sus antiguas viviendas que habitaron en sus territorios ancestrales de la que surge la noción de vivienda ideal, una representación que será el eje fundamental del que girará un modelo de “vivienda digna”, concebida por el mismo grupo a partir de las dinámicas de habitabilidad del otro. De ella emerge, según los deseos y aspiraciones propias la representación de casa de material aceptada y ostentada con orgullo, la materialización de los objetivos por la que emigraron de sus tierras ancestrales: la vivienda que la familia tendrá como patrimonio a partir de ese entonces.

 

6.3. ENTRE EL PASADO Y EL PRESENTE: LA REPRESENTACIÓN MODELO VIEJO

Al principio se hizo referencia a dos representaciones habitacionales urbanas construidas por los wayuu: el modelo viejo y el modelo nuevo. Ambas concepciones han sido construidas a través del contacto intenso y continuo con el alijuna, y corresponden, como ya se afirmó, al ideal de “vivienda digna” resemantizada por los wayuu habitantes de la ciudad.

El modelo viejo es un recinto a media agua, que evoca la vivienda rural concebida y construida enLa Guajira, donde los espacios se disponen manteniendo el criterio de dispersión funcional sobre la extensión de la parcela:

“…nosotros no podemos aceptar los modelos viejos, porque si aceptamos los modelos viejos vamos como los cangrejos pa´ atrás. El modelo viejo es como nosotros lo hacíamos, media agua así…” (López, entrevistado 2006).

Es la vivienda que se erige secuencialmente luego de la vivienda semilla o el rancho de materiales improvisados (Ver Figuras N° 5 y 6), a partir de las cuales se semantizan complejas relaciones de habitabilidad: se definen los espacios exteriores como áreas de la cotidianidad, y se establece la luma como un espacio polifuncional adosado a la vivienda dormitorio que no necesariamente es monoespacial, aquí se concibe como el área de permanencia y del quehacer doméstico diario de las mujeres, el tejido de chinchorros y artesanías como: bolsos, calzados, chinchorros, etc.

 

Figura N° 5. Cambio secuencial de la representación rancho a la representación modelo viejo. Fuente: elaboración propia (2007).

 

Figura N° 6. Configuración espacial del modelo viejo: un recinto a media agua y la luma o enramada adosada. Fuente: archivo del Programa Ciudadana Plena-Vivienda Digna (2003).

Aunque en esta configuración internamente no se ubican muebles y artefactos criollos, se observa la cocina a gas y la nevera, dupla infaltable en las viviendas urbanas de los wayuu, aunque sean de bajos ingresos económicos. Otra característica frecuentemente observada en estas representaciones es el hacinamiento, ya que por las dimensiones de la habitación dormitorio en el que pernocta la familia es utilizada como área de dormir durante las noches (Ver Figura N° 7).

 

Figura N° 7. Cotidianidad urbana de los wayuu en una representación habitacional modelo viejo. Fuente: archivo personal (2006).

Hasta ahora se ha demostrado que la autonomía subjetiva de las sociedades para representar sus realidades concretas a través de sistemas cognoscitivos cargados de significados culturales, es la valiosa cualidad para establecer que los grupos sociales tienen la responsabilidad de la construcción de su hábitat, y por lo tanto, darle la particularidad a sus acciones en el contexto construido (Moñivas, 1994:411). En ese sentido, este modelo viejo, a pesar de la carga negativa que conlleva per se para los wayuu urbanizados de ser una representación de la ruralidad no lejana, ha de avanzar a otros niveles de desarrollo que es de vital importancia alcanzar en el contexto de las ciudades alijuna.

 

6.4. EL MODELO NUEVO COMO REPRESENTACIÓN DE LA “VIVIENDA DIGNA”

El cambio cultural secuencial reflejado en las viviendas wayuu se inicia en la apropiación del territorio a través de trojas que simulan las viviendas tradicionales, pasa por el modelo viejo y tienen su punto culminante con la construcción o adquisición de una vivienda de “material” o como las denominan los wayuu: el modelo nuevo.

Sus características arquitectónicas son marcadamente alijuna y se presenta como una continuidad configurativa, modificándose a medida que el sujeto adquiere la conciencia del entorno en el cual se ha asentado para vivir, y la capacidad cultural y económica de transformarla siguiendo sus ideales e intereses particulares.

En los asentamientos urbanos, por oposición, los wayuu distinguen entre la noción de “casas buenas” y el rancho haciendo referencia directamente al nivel socioeconómico de las familias que puedan poseerlas. En ellas se identifican ciertos materiales criollos como sus elementos constitutivos, es así como las “casas buenas” serán la representación modelo nuevo y se configuran de la misma manera que las casas de los alijuna: una casa de características urbanas, techos vaciados de concreto, acabados de cemento en paredes, cerámica en pisos y disposición interna de muebles y enseres occidentales que redundan en la mejoría de la calidad de vida y el estatus de las familias que las habitan (Ver Figura N° 8).

 

Figura N° 8. La representación modelo nuevo y su estampa configurativa alijuna. Fuente: archivo personal (2006).

La representación modelo nuevo es una casa de tipo más criolla, con los espacios (el paülü’ü y la kusinapia), compactos en el interior apareciendo otros usos, tales como: el la letrina-baño y el porche que ante las limitantes dimensionales de la parcela donde se ubica la casa, puede ser empleado como un espacio de permanencia, donde se reciben las visitas y se descansa durante el día (Ver Figura N° 9).

 

Figura N° 9. Contraste entre las representaciones modelo viejo y modelo nuevo en un asentamiento urbano wayuu. Fuente: elaboración propia (2007).

Moscovici (1984:57), plantea que las representaciones en las sociedades occidentales están constantemente recreándose en función del conocimiento popularizado por las ciencias y los conocimientos técnicos, por lo tanto, la noción de “vivienda digna” que construyen en sus sistemas cognoscitivos tiene mucho que ver con el conocimiento o las modas constructivas, que la cultura dominante ha impuesto como la cúspide del desarrollo y el bienestar social. Es un “saber ingenuo” (Moñivas, 1994:411), que tiene su raíz en lo que se transmite desde los esquemas simbólicos de las sociedades marabinas, y se ha superpuesto a los imaginarios wayuu como las concepciones del deber ser, a pesar de las múltiples contradicciones que se dan desde el punto de vista de la habitabilidad de los espacios observables en las dinámicas de apropiación. Una informante al respecto expresa lo siguiente:

 “…me gusta esta casa porque está bien, es de platabanda, porque es mejor que la lámina, no me importa que sea casa de alijuna, yo soy alijuna porque estoy en Maracaibo, si hubiese estado en La Guajira si hay que vivir en casa de yotojolo, con eso es que vivimos casa de nosotros enLa Guajira…” (González, entrevistada 2006).

Lo anterior deja en evidencia que las representaciones son una construcción de la experiencia social de los sujetos y sus prácticas (Salcedo, Bravo y Durante, 2001:483); además explica que los wayuu por el hecho de habitar asentamientos urbanos, no significa que continúen construyendo sus viviendas como lo han venido haciendo tradicionalmente en La Guajira desde épocas inmemoriales, cuya imagen actual es el producto de los cambios producidos por las diversas civilizaciones que han tenido contacto con los wayuu en sus territorios. La experiencia urbana ha desarrollado en los wayuu la capacidad de reinventarse y adaptarse a las tensiones que sobre su cultura se hacen desde las relaciones de hegemonía-subalternalidad.

La representación modelo nuevo suma prestigio social a las familias wayuu que decide construirla con las formas y tecnologías adoptadas de la otra cultura, no importando que sea una residencia que difiere de sus dinámicas primarias de habitabilidad. En la ciudad esta adopción ha conllevado a construir representaciones habitacionales que catalizan estas nuevas dialécticas de habitar el espacio.

Puede ser una vivienda adjudicada por una institución gubernamental (la vivienda prediseñada por el IVIMA), una vivienda autoconstruida con materiales nuevos en su totalidad o una vivienda autoconstruida a partir de la morfología del modelo viejo, donde se observan las intenciones de agregarle otros elementos morfológicos en el espacio y en el tiempo. La tendencia generalizada es asemejarla desde el punto de vista tecnológico, lo más que se pueda a las viviendas alijuna, pero el control sobre la espacialidad y la funcionalidad recaen en los deseos personales de las familias wayuu que la habitarán y que en esencia se mantienen. La definición de esta representación se extrae del comentario siguiente:

“Ese es el nuevo modelo (señalando el modelo IVIMA). […] Ese modelo sí me gusta porque que vamos a hacer, ese es modelo nuevo…” (López, entrevistado 2006).

De ahí que, el prototipo preestablecido por la corporación municipal de vivienda local, constituye el modelo ideal que debe adoptarse como una mejora, un avance percibido como una continuidad material de la cultura en este contexto, la cual no se pierde al adoptar una vivienda cuya morfología y tecnología pertenece a otro componente humano. Representa pues, un signo de superación de la familia y la cúspide onírica del porqué emigraron a la ciudad desde sus territorios ancestrales (Ver Figura N° 10).

 

Figura N° 10. Vivienda de IVIMA, considerada una representación modelo nuevo. Fuente: archivo Programa Ciudadanía Plena-Vivienda Digna (2003).

El modelo nuevo autoconstruido generalmente se concibe por partes siguiendo un orden lógico constructivo en función de determinantes simbólicas y cognoscitivas, lo que implica que se podrían añadir nuevos elementos y construcciones de acuerdo a las necesidades de las familias que la habitaran, son pues, viviendas secuenciales, evolutivas. Esta representación resume las formas de resolución de las necesidades espaciales de los wayuu en el contexto urbano, operaciones tales que se evidencian en la semantización, la aprehensión y reinvención de categorías funcionales, morfológicas y tecnológicas nuevas adoptadas y propias traídas desde sus territorios rurales.

Cuando la vivienda que habita una familia perteneció a otro grupo familiar no wayuu, se redefine la espacialidad en función de las formas de vida de los nuevos habitantes. Se presentan dos casos. El primero es cuando un ocupante adquiere su vivienda de parte de un familiar, y extrapola en su habitabilidad otra visión de comodidad, seguridad, resguardo manteniéndola como fue otorgada, en muchos casos lo que cambia es la disposición del baño que es sacado del área interna. El segundo caso, es cuando una familia compra una parcela con construcciones ya iniciadas, como por ejemplo las fundaciones para la futura vivienda, lográndose su culminación partiendo de la resemantización espacial sobre el esquema inicial encontrado y la transferencia de las nociones espaciales propias sobre las ajenas.

El apego por parte de los wayuu a este tipo de residencia se evidencia muy bajo, pero de igual manera las familias vacían sus habitabilidades particulares sobre los espacios de las viviendas que hallaron, a partir de allí se erige la representación modelo nuevo de características alijuna cuya funcionalidad sigue siendo wayuu. Los cambios experimentados en los sistemas constructivos de sus viviendas en la ciudad, se deben primordialmente a la autointegración a la sociedad hegemónica a consecuencia del intenso contacto cultural. Persistiendo, sin embargo, el legado cultural propio en muchos de sus elementos:

“Siempre estamos bien, las costumbres, el vestir, la comida, el trato, las costumbres de nosotros, siempre uno no pierde sus costumbres […] Por los programas que hay ahora, es que antes decían que el wayuu era menor de edad, que significaba eso que si yo mataba a alguien no me podían meter preso, yo era menor de edad, me hacía falta estudios, una persona cualquiera, ahora no, porque ahora hay wayuu médico, abogado…” (López, entrevistado 2006).

A pesar de las nuevas costumbres adquiridas en la ciudad por el intenso contacto intra e interétnico, el wayuu no ha perdido su esencia cultural, ya no es mirado como el “extranjero” o el “menor de edad” del cual las leyes locales no tenían injerencia y donde no pertenecían al complejo imaginario citadino y a ser ciudadanos venezolanos. Hoy día, esa percepción ha cambiado por el hecho que han sido incorporados a la vida nacional, tanto jurídicamente como por la praxis de convivencia con los otros diferentes sin dejar de lado sus patrones culturales.

 

12. PARA FINALIZAR

La construcción subjetiva del objeto social vivienda por parte de los wayuu en la ciudad de Maracaibo, evidencia una riqueza configurativa y sincrética, que a grandes rasgos, connota las complejas relaciones de alteridades e identidades, dejando entrever que existen diversas representaciones habitacionales que están relacionadas con sus cotidianidades urbanas separadas por delgadas líneas de las representaciones habitacionales del otro y las suyas propias.

Desde la representación casa de barro como la noción de casa por excelencia del wayuu, se llega a la representación rancho o la vivienda donde generalmente sus cerramientos son láminas de zinc, pero que responde en el momento a las necesidades de proteger la familia durante las noches para dormir, pero que ha sido estigmatizada hoy día, no solo por los espectadores externos sino por sus propios moradores.

Seguidamente y en procesos secuenciales aparece la representación modelo viejo, que es una fusión intermedia entre una vivienda rural y una urbana, una especie de hibrido que si bien destaca la sencillez de su configuración funcional, espacialmente presenta una riqueza espacial tal en la que la familia reconstruye sus operaciones de habitabilidad del modo como lo harían en los territorios ancestrales; y el modelo nuevo, que es en esencia una apropiación de elementos ajenos y sobre los cuales se ha innovado y se innovará arquitectónicamente para ofrecer una imagen cuyas características tecnológicas reproducen una vivienda criolla, en cuyo interior y sus áreas exteriores dentro de la parcela se hace una lectura concreta de las nociones de habitar el espacio por parte de los wayuu.

Sobre esta lectura, en la contemporaneidad, se hace necesario realizar una revisión a la búsqueda de ese hábitat idealizado por parte de las sociedades y en consecuencia de la construcción de una noción de vivienda muchísimo más humana, que lleve implícitas las aspiraciones de alcanzar un grado de calidad de vida que se compagine con los factores culturales de las sociedades para las cuales se conciben los programas de viviendas desde los Estados nacionales. El enfoque pues, desde la arquitectura intercultural se hace en este caso pertinente, al aportar ideas concretas para abordar los problemas que en materia de vivienda presentan las sociedades distintas culturalmente hablando de una manera integral por parte del arquitecto, y no sólo basado en condicionantes ambientales y físico-construidas sino ir más allá, hasta el conocimiento de los aspectos socioculturales de las poblaciones sobre las que se interviene.

Entender esto requiere no seguir cometiendo los errores funcionales que significaron la erección de complejos residenciales concebidos para los wayuu en Venezuela, como por ejemplo: Ziruma, Ciudad Cojoro, Patria Bolivariana y otros en el contexto del estado Zulia, cuyos diseños fueron realizados externamente por profesionales de la arquitectura sin plena participación de la comunidad favorecida, son estos proyectos venidos desde fuera los que quieren ser impuestos como si la comunidad no contara con la suficiente madurez para decidir qué hacer o qué no hacer, se observa un afán de tildarlos de “pobres” como si fueran incapacitados lo que evidencia un desconocimiento de las dinámicas de habitabilidad de estas poblaciones emigrantes.

Es imprescindible involucrar estas comunidades desde el diseño, ejecución y evaluación de estas soluciones habitacionales, respetando sus propias decisiones y acciones dentro de su contexto sociocultural, económico-ambiental, y no seguir omitiéndolos; ser asertivos en la aplicación de los preceptos que se manejan en el discurso político actual de la participación e inclusión, y que no sólo sean letra muerta las legislaciones aplicadas de acuerdo a situaciones de interés particular y cuando sólo convenga.

En ese sentido, es fundamental el papel que juegan los arquitectos en el diseño del hábitat desde las oficinas tecnificadas del Estado, ya sean nacionales, regionales y municipales u otro ente encargado de la elaboración y ejecución de soluciones habitacionales para los indígenas, que pretenden establecer pautas de vida desde sus propias concepciones occidentalizadas a los grupos sociales sin distingo de cultura, condición social y sin pleno conocimiento de las realidades culturales a las que está expuesta esta profesión, para así dar soluciones acertadas y no quedarse solamente en el aspecto euclidiano y formal de las propuestas.

Las universidades venezolanas se han dedicado a formar profesionales de la arquitectura que diseñan bajo criterios elitescos y siguiendo los lineamientos de la práctica profesional hacia una parcialidad social mayoritaria criolla y bajo los patrones estéticos, tecnológicos y funcionales del estilo internacional, lineamientos que han sido revisados desde las teorías críticas de la arquitectura como la corriente regionalista y lo autóctono, que plantean una mirada a lo propio anteponiéndolo a lo extranjero.

Las representaciones habitacionales encontradas en el contexto de la ciudad de Maracaibo expresan la continuidad secuencial en diferentes niveles de interrelación sociocultural, a la que se accede a través de la comprensión de la cultura, y que claramente dejan claro las aspiraciones personales que este grupo étnico establece en sus relaciones con la ciudad, a través del hábitat que construyen en los barrios de la periferia y sus habitantes.

Esta diversidad de hábitat, la multiculturalidad del entorno urbano y las diversas representaciones que cada grupo cultural realiza en torno al fenómeno habitacional, tiende a ser vulnerable hacia los wayuu que son estigmatizados por las marcadas diferencias culturales y modos particulares de habitar la ciudad, una estigmatización que curiosamente en muchos casos, parte desde ellos mismos. Sin embargo, he allí nuestro aporte en relación a que, mientras más distintas sean las sociedades, sus valores particulares toman vigencia e importancia en el concierto cultural que implica la convivencia de grupos disímiles y hegemónicos.

 

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REPRESENTACIONES SOCIALES DE LA VIVIENDA URBANA INDÍGENA:

Una aproximación desde los Wayuu en Maracaibo, Venezuela

Publicado en:

Espacio Abierto, vol. 20, núm. 1, enero-marzo, 2011, pp. 159-190. Universidad del Zulia. Maracaibo, Venezuela.
ISSN (Versión impresa): 1315-0006 eabierto@cantv.net

  • Alonso José Morillo Arapé.
  • Arquitecto, Magíster Scientiarum en Vivienda.
  • Ex Secretario Ejecutivo de la Comisión Presidencial“Misión Guaicaipuro” adscrita al Ministerio del Poder Popular para los Pueblos Indígenas.
  • Docente invitado dela Maestríaen Vivienda e investigador dela Universidaddel Zulia, Facultad de Arquitectura y Diseño, División de Estudios para Graduados.
  • Apartado postal 1080. Caracas, Venezuela.
  • Teléfono. 0212-7081787. E-mail: ajmorillo25@gmail.com

Montaje: Lcdo en Comunicación Social Luis Fernando Herrera

 

 

 

 

 

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